Para empezar porque Pascual se mostró como un zaguero sólido. No mucho más. Tan sólo con una digna actuación, el zaguero de Abárzuza vino a poner de relieve que tiene más recorrido en el campeonato. Y pudo comprobar, al margen de la dureza de los tacos que empleó, que a nada que aguante el tanto, tiene un compañero que termina. Ayer pasó algo parecido, en un partido que no fue bueno, más bien malo y plagado de fallos.
Pero Titín, también harto de ver que las cosas no le salían bien y que le joroba mucho perder, se decidió a asumir el mando en la delantera y a desorientar a Bengoetxea VI con la misma medicina que le ha estado aplicando a él en todo el torneo: cortada al choco, parada al choco y pelotazo largo por la pared.
Si había que encabezar la crónica con la aseada actuación de Pascual, que para eso es la noticia, no hay que olvidar la penosa actuación de Ruiz. Esta es la segunda lectura que puede hacer Pascual. El estellica no aguantó el peloteo. La semana pasada lo resolvió airoso, fresco y por la vía rápida, fue como engañar a un niño escondiendo pelotitas en las manos. Nada por aquí, nada por allá y sorpresa a base de pelotazo y tente tieso.
Ayer no. Estaba obligado. Falló y mucho. Se desmenuzó como la arena y Bengoetxea, que esperaba otra cosa, no encontraba el medio de entrar. Aún así, un diez para el chaval de Leiza, que a la vista de que tenía que comerse el mismo sapo que Titín la semana anterior, sacó el orgullo para terminar algunos tantos de mérito. Con el cuento cambiado por completo y una sensación extraña tras el enfrentamiento, para el tercer y definitivo partido uno no sabe ni a qué atenerse.