En su origen, como todas, es una planta salvaje. Su proceso de domesticación se reproduce, en cierto modo, y se continúa todos los años por estas fechas, cuando el hombre con la poda la hace más humana, la modela a su imagen y semejanza. Si repasamos las partes de la vid, inmediatamente salta a la vista el símil con el cuerpo humano. La vid, como el hombre, tiene tronco, tiene brazos (las ramas), tiene pulgares (trozo de sarmiento que se deja al podar). Todo buen podador conoce la regla de oro: "dos y el ciego". En la conducción en vaso, para cada brazo dejaremos dos pulgares y en cada pulgar dos ojos (yemas) y el -ojo- ciego. Pero bueno, ¿la vid también tiene ojos! En primavera, en los momentos previos a la brotación, se produce el lloro, cuando comienza a subir la savia. Y también tiene nietos, pequeñas ramas sin fruto que brotan de los pámpanos y que se suelen quitar con el desniete, sobre todo los más próximos al racimo.
Si repasamos los nombres de la morfología de la vid en otras lenguas, el símil no es tan claro. No tenemos espacio aquí para explicarlo; pero, por ejemplo, pulgar que evoca los dedos/la mano en español, se dice en francés courson, no se recurre a pouce (pulgar). Se debe a que en español muchos de los nombres de las partes de la vid son de etimología popular.
Es evidente que la vid es de género femenino. Jean Onibus (1990) dice que la vid "es una planta femenina, pero de una feminidad sutil, discreta y dicho sea de paso civilizada, que conforma con ello un modelo de vida mediterráneo" (traducimos del original francés).
Las formas tan femeninas de los racimos, que tan celosamente guarda la vid entre sus hojas, llevan al poeta del Cantar de los Cantares a compararlos con los pechos de la amada: "Sean pues tus pechos como racimos de uva". A lo largo de la composición bíblica es una constante la vinculación de la vid y el vino con el amor: "pues tus caricias son mejores que el vino "; " y tu paladar como un vino excelente que fluye derecho hacia mi amado, corre a los labios de los que duermen", etc. Fuera del ámbito literario, en su Tratado de agricultura Alonso de Herrera (1513) le llama pezón al pedúnculo, a la parte que une al racimo con el pámpano. Al describir la variedad torrontés dice que "tiene el hollejo muy delgado y tierno, y pudre presto y tiene el pezón tan tierno que por la mayor parte cae toda". Al hablar de la vendimia señala que "los que vendimian siempre traigan cuchillo", pues los que no lo traen "o desgranan, o jan el racimo, o a las veces el pezón es más duro, y correoso, que el sarmiento en que está, y por tirar del pezón quebrantan el sarmiento, y mancan la vid". En botánica hoy día convive la forma pedúnculo con la de pezón.
Los pámpanos de la vid se enredan en el bastón sagrado de Baco, los parrales se abrazan al olivo (el más viril entre los árboles), la parra a la casa Sin duda, de todas las variedades de vid la que más "se corre" es la garnacha. La connotación sexual es evidente, ya lo explicaremos en otra ocasión, cuando llegue el momento del cuajado. No corramos. La sensualidad de la vid -dice Jean Onibus- es sana y contenida.
A la vista de lo dicho para la vid, cabe preguntarse: ¿hay vinos femeninos? ¿se puede elaborar un vino sensual?