Todo metido en una urna trasparente y sepultada en el suelo, labor -la de tirar de pala, se entiende-, por la que pasaron todas las autoridades presentes: desde el presidente, a los consejeros Vallejo y Burgos, y los representantes de los Ayuntamientos.
El otro acto sólo tuvo como protagonista a Sanz. El presidente tenía que ordenar el cierre de la esclusa para el llenado del embalse. Y literalmente fue así: Sanz, viva voz, animó a los operarios a «cerrar cuanto antes» la esclusa, que hasta ese momento regurgitaba 500 litros por segundo.
Por último, el presidente y el resto de autoridades recorrieron la presa y visitaron las instalaciones con el fin de inspeccionar el sistema de emergencia implantado para reaccionar ante posibles averías graves o roturas. En este sentido, Sanz destacó que sólo otros dos embalses de la cuenca del Ebro -Itoiz e Irabia-, tienen un sistema similar. Se trata de un centro de control y sistemas de comunicación y aviso tanto en la propia presa como en los Ayuntamientos. Las sirenas, según comentaban ayer, se pueden oír hasta en Nájera.