Vamos a ver, mi buen Peces Barba. Es la quinta o sexta ocasión en que me veo en la obligación de contestar públicamente a afirmaciones formuladas por personas que gestionan la cosa pública o que tienen mucho que ver con la marcha de nuestra sociedad, como es el caso suyo. Usted es el Alto Comisionado para las Víctimas de Terrorismo y un rector, por lo que le corresponde el tratamiento de 'Magnífico', pese a la pretensión de los compañeros de usted de apear todo tipo de excelencias, ilustrísimas o vuecencias. A usted, que es más que hombre -prohombre de la patria, así lo han calificado recientemente-, y encima profesor, ha de suponérsele un alto grado de peso al razonar, de templanza al hablar y de responsabilidad para con todos, para conmigo, por ejemplo.
Mire usted, mi buen amigo, ya estoy más que harto de que se metan conmigo y de que me califiquen de todo. Al decir conmigo, me refiero a mí mismo y a millones de ciudadanos españoles que intentan hacer las cosas lo mejor que pueden, pero a las que ustedes, de manera injusta y gratuita, han puesto en su punto de mira. Últimamente, un riojano que piensa como usted me ha tildado -en realidad lo ha hecho a las sotanas- de golpista. ¿Vaya por Dios! Usted ahora me echa a mí la culpa de que España no se cohesione. Ha de saber, mi buen amigo, que la Iglesia no la componen sólo los altos o bajos eclesiásticos, ni sólo los católicos de los siglos XVI al XX. La Iglesia la compongo yo, modesto español que al menos quiere cohesionarse con usted a través de esta modesta carta, y mi padre ya anciano, y los viejecitos de los pueblos riojanos que atiendo, y los muchos chicos y chicas que he casado este año, y hasta tal vez usted mismo a quien supongo bautizado al menos, y con la primera Comunión hecha, y hasta tal vez casado por la Iglesia, aunque luego haya tirado a donde sea porque así le ha parecido bien. ¿Viva la libertad, faltaría más! La Iglesia, Don Gregorio, la española -de la que usted se queja, y amargamente, junto con la italiana-, la componemos muchos miles de ciudadanos, muchos millones, de todo pelaje y, por descontado, también la gran mayoría de los que militan en su propio partido.
Sentado esto, ¿por qué razón, o por qué 'diantres', tengo yo la culpa de que España no tenga una mayor cohesión? Echo el ojo al Diccionario Enciclopédico Abreviado Espasa, y dice que cohesión, del latín 'cohaerere', significa estar unido, acción y efecto de reunirse o adherirse, y en Física, unión íntima entre las moléculas de un cuerpo. ¿Qué hemos de hacer los católicos -¿todos!- para salir de esta grave carga que usted nos echa? ¿Ir todos juntos a los sitios, como cuando van cien mil personas al Camp Nou? ¿Comer y beber todos lo mismo y vestir todos igual? ¿Ver la misma película, leer los mismos libros, ver los mismos programas de televisión o ser todos del Madrid? ¿O, tal vez, y aquí está la madre del cordero, quiera usted urgirnos a que pensemos todos lo mismo, por supuesto lo mismo que usted? Más aún, ¿pretende usted que todos los católicos tengamos la misma opinión sobre los diversos asuntos opinables, como si todos estuviéramos cortados por el mismo patrón?
Mire, mi buen amigo, siempre que me he visto obligado a contestar a sus colegas de la 'cosa pública', es para decirles que, por favor, no nos dicten lo que hemos de hacer y opinar, porque los que dictan algo a los demás se han de llamar con rigor y propiedad dictadores, y de dictadores ya estamos todos más bien un poco hartos. Con mi abrazo y cohesión.