Soy el profesor de la Escuela de Arte que en noviembre pasado reaccionó ante el inminente derribo de la Estación de Tren (el comienzo previsto para las obras de soterramiento es ahora, en febrero).
Parece que con este pequeño movimiento ha aparecido uno de los autores (el otro había fallecido), de los murales contenidos en ella, don Fernando Sáez, que parece dispuesto a defenderlos, como se recogió en la prensa del pasado 16 de enero. Quizá también lo hagan los familiares del arquitecto ganador del concurso de embellecimiento de fachada allá por 1948, don José María Carreras, o no, no importa.
También parece ser que el señor alcalde de Logroño sigue considerando imposible modificar un proyecto (creo que acaba de hacerlo para un polideportivo). Se basa en que ganó un concurso con el visto bueno de las administraciones implicadas - me dicen que las tres eran del PP-. Actualmente, el PSOE y el PR están a favor de la supervivencia de la Estación.
Con todo respeto y entendiendo las dificultades del ejercicio del poder, quisiera decir que al menos en este asunto esta Administración está mostrando tanta inflexibilidad como ausencia de sensibilidad con el patrimonio local. Aquí quisiera hacer un paréntesis y citar otros casos que surgieron en la mesa redonda que hubo en el Ateneo, organizada por Amigos de la Rioja el 12 de enero y con el tema de actuaciones en el patrimonio cultural. Sobre el asunto de Ruavieja 20-22, -la casa más antigua de Logroño-, parece que el Ayuntamiento la ha vendido para construir un hotel, para lo cual hay que desnaturalizarla y volver a montarla.
Acertadamente alguien protestó de que el Ayuntamiento venda un bien público para disfrute de particulares (¿es legal?).
Esto y el derribo de la Estación parece indicar que no estamos para lujos culturales. Sin embargo en la prensa local se habla de cierta fiebre museística para el Casco Antiguo (museo egipcio, museo romántico, museo de botijos, museo del vino).
Volviendo al tema de la Estación, conviene recordar que rectificar es de sabios, y que todos podemos entender que a fecha de hoy la sensibilidad por el patrimonio artístico ha cambiado, y que a cualquiera que no esté implicado políticamente le parece incorrecto derribar la Estación. En definitiva creo que a la mayoría nos parecería un signo de inteligencia suspender dicho derribo, e incluso lo aplaudiríamos.
Veamos ahora la falsa solución de salvar sólo los murales. Dado su tamaño, no hay pared en institución actual para alojarlos, por lo que sería necesario un edificio de obra nueva ex profeso. ¿Dónde? Según están las cosas da risa.
En caso de guardarlos, también ¿dónde? Sus correctas condiciones de conservación serían muy difíciles. ¿Doblados?, ¿enrollados? La mejor solución es dejarlos en su espacio natural que es la Estación, el cual definen, más que adornan.