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Miércoles, 1 de febrero de 2006
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OPINIÓN
TRIBUNA
Las bondades del lobo
Después de leer el artículo de Alfonso Ceña publicado el 8 de enero, en el que se me acusa de decir cosas falsas o mentir sobre lo que he dicho en el artículo 'La "adecuada" convivencia con el lobo', me veo en la obligación de contestarle y de puntualizar aspectos que el autor no ha aclarado del todo, pensando que la sociedad riojana tiene derecho a conocer nuestra verdad como ganaderos.

-Ni el señor Ceña ni todos los defensores del lobo juntos me van a decir a mí lo que debo o no debo hablar, siempre y cuando que no falte a nadie.

-La Asociación de Ganaderos de las 7 villas de La Rioja no sólo representa a los ganaderos de ovino, sino que también representa a los ganaderos de caprino, bovino y equino, ya que la mayoría de las explotaciones son mixtas.

-Como usted mismo afirma como biólogo y especialista en la situación del lobo en La Rioja, desde hace diez años prácticamente no hay lobos en las 7 Villas, y sin embargo este año han aparecido varios. Usted me dirá si este fenómeno es de aumento o de disminución.

-Me reafirmo en decir que las 7 Villas tienen espacios de alto valor natural; esto se lo dice Gabriel Esteban pero también lo reconocen varios colegas suyos, así cono la dirección general de Medio Natural que ha redactado el borrador del Plan de Ordenación de Recursos Naturales previo a la consideración de la zona como parque natural. Y usted, como biólogo que es, sabrá que muchos de estos espacios se han mantenido gracias a la presencia de la ganadería.

-Estoy cansado de que personas como usted nos vengan a decir cómo debemos cuidar a nuestros animales, ya que nosotros no vamos a decirles cómo deben organizar sus casas ó sus trabajos.

-No creo que nuestros animales tengan más derechos que otros de la fauna salvaje, incluido el lobo, pero nunca he visto a ningún lobo atacado y mordido por ninguna oveja. Sin embargo, con los mismos derechos, el lobo ataca, muerde y mata a nuestras ovejas. También creo que pago mis impuestos igual que cualquier comerciante de Logroño, que no aguantaría que le rompieran el escaparate dos veces por semana.

-Respecto a las subvenciones, no hemos sido nosotros, los ganaderos, quienes las hemos creado, sino que nos hemos visto obligados a tener que solicitarlas para que puedan subsistir nuestras explotaciones.

-Hoy en día no se pueden cuidar los rebaños igual que antaño. Hace mucho tiempo en mi pueblo, Ventrosa, había 30 ganaderos con una media de 80 cabezas de ovino y varios rebaños trashumantes de 300 cabezas de ganado con varios pastores. Hoy somos 5 ganaderos con una media de 500 cabezas y sin más pastor que su propio dueño, ya que los beneficios no dan para tener empleados. Por esta razón, ni el señor Ceña ni nadie puede decir que las reses están abandonadas, porque no es así. Le puedo asegurar que la mayoría de los ganaderos de las 7 Villas pasa tantas horas o más entre sus animales que cualquier defensor del lobo en su puesto de trabajo.

-Quiero aclarar como ganadero que sabe poco sobre lobos (preferiría saber menos, al menos de sus daños), en el tema de controlar el ganado en corrales o rediles, el número de bajas podría ser mayor que si están en libertad, ya que en caso de ataque de lobo, muchas de ellas morirían asfixiadas al amontonarse unas contra otras.

-Igualmente manifiesto, aunque como experto en lobos ya lo sabrá, que los daños causados por los lobos no son sólo los animales que mata. Muchos animales caen despeñados y embarrancados al correr despavoridos ante los ataques del lobo. Esos animales son muy difíciles de localizar, y en consecuencia la Administración no los indemniza.

-Luego, también existe el daño moral que sufre el ganadero. Ese daño no es un daño físico, ni económico. Es un daño psicológico, y lo sufre el ganadero afectado cada noche cuando se va a descansar y no se puede dormir, porque no se le quita de la cabeza la imagen de las 3 ovejas que ha visto muertas. Después de andar durante varias horas, la primera la ha encontrado en un matorral. Está degollada, tiene todo el cuello ensangrentado. La segunda está un poco más abajo, también está degollada pero además tiene los cuartos traseros desgarrados y ensangrentados. El ganadero no sabe qué hacer, si sentarse, tumbarse o llorar (usted, señor Ceña ¿reiría?). Pero lo peor está aún por llegar. Al dar la vuelta a la loma se encuentra a su perro mastín ladrando, pero ya es tarde A unos 15 metros de él se encuentra una oveja de tres años de edad que el propio ganadero había criado a biberón y que hacía funciones de mansa. Todavía está viva, pero en vez de respirar por la nariz o la boca, está respirando por el cuello, ya que el lobo le ha desgarrado las vías respiratorias. Al darle la vuelta para acomodarla, parte de su intestino cuelga por el pasto, y el animal muere en brazos de su dueño. Esta narración que parece un cuento es la realidad de lo que sufren los ganaderos afectados por los ataques de lobo. Estas son las bondades del lobo que conocemos los ganaderos.

-Quiero manifestar, que aunque no tengo una carrera como usted, y mis conocimientos de biología no se pueden comparar con los suyos, sí que tengo mi dedicación a una profesión tan honrada y respetable como cualquier otra, de la cual me siento muy orgulloso, y que la he conocido desde que nací. En la casa donde nací, en la planta baja, estaba la cuadra de las cabras y de las vacas. Durante estos 29 años de mi vida he pasado muchas horas recibiendo lecciones de una buena profesora, la sierra del Alto Najerilla, una sierra que desde antaño ha sido ganadera, y generación tras generación sigue siéndolo. Señor Ceña, estoy dispuesto a meter la pata (pierna), pero no una; las dos, y la cabeza, y el cuerpo entero si es necesario para defender que en esta sierra siga habiendo ganadería. Prefiero que las generaciones venideras tengan que conocer al lobo en espacios habilitados para él, antes que tener que verla sin ganadería y sin el 90 por ciento de su población actual. Una lección que me ha enseñado esta sierra es que el lobo y la ganadería no pueden convivir juntos sin que haya daños ganaderos. Y si no, pruebe usted y esas personas que tanto defienden al lobo, a comprar ovejas y mantenerlas en un lugar donde haya lobos. Le aseguro que si tendría que comer de ellas y sacar una familia adelante pronto cambiaría de opinión.

-Para hablar de la realidad de un problema hay que estar muy cerca de él y, en esto, le llevamos ventaja. Espero que de aquí a unos años no tengamos que ver a los ganaderos de las 7 Villas como una profesión en peligro de extinción, y se nos tenga que recordar con DVD y exposiciones fotográficas.



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