La palabra nos ayuda a vivir. En todo momento la dulzura de las palabras que Antonio García Aparicio pronunciaba, aportaban razones a los más variados debates. Supo, como nadie establecer interrogantes; abrió las puertas del conocimiento a infinidad de alumnos y alumnas que escuchaban con respeto sus clases, siempre realizadas entorno a la palabra, suyas o de autor, escritas u orales, daba igual, pero siempre desde las palabras; generó deseos de aprender a través de su presencia, de su conocimiento, de la imagen del gran conocedor de la literatura y de la vida Pero no es solamente de su faceta de profesor de la que quiero hablar. Seguramente sus antiguos alumnos, los que tuvieron el placer de caminar con él en la senda de la reflexión literaria, sean sus mejores portavoces.
Deseo referirme al compañero, al que caminó conmigo en la difícil tarea de educar, al compañero que contribuyó a la reflexión educativa, al compañero que leía serenamente en el Departamento de Lengua esperando la siguiente clase; al que ordenaba las estanterías multicolores de saberes ancestrales en los que él se deleitaba, al hombre afectivo, dialogante, respetuoso hasta el infinito, . Resulta fácil tomar aquellas palabras de uno de sus grandes amigos, A. Machado, al hombre " en el buen sentido de la palabra, bueno". Esa es la imagen de Antonio, entrañable compañero de la asignatura de Lengua y Literatura Castellana del Instituto Tomás Mingot de Logroño.
Yo también aprendí con Antonio. No hay mejor aprendizaje que la enseñanza entre iguales. Y compartiendo tiempos de café o excursiones con alumnos, aprendimos el valor de la serenidad necesaria en la docencia, de la reflexión precisa para definir aspectos importantes de la educación de nuestros jóvenes, del debate constructivo. Disfrutábamos de sus ligeras palabras garabateadas en folio con la tinta de cualquiera de sus muchas plumas de escribir, o de su forma de señalar los aspectos importantes en los libros. Leíamos con fluidez las páginas de sus muchos manuscritos novelescos, debatíamos hasta la saciedad sobre la realidad recreada en ellos. Aprendíamos siempre a través de la palabra.
En este momento en el que Antonio García Aparicio ya no volverá al Instituto, ni al Departamento de Lengua, quiero, en nombre de toda la comunidad educativa, entregar nuestro trabajo a su recuerdo. La exposición de materiales escolares relacionados con el Ilustre hidalgo don Quijote de la Mancha que vamos a realizar durante los primeros días de febrero encaminada a fomentar la lectura y la creatividad entre los alumnos, lo preludió un Antonio ya enfermo. Hoy su letra, sus palabras estarán con todos nosotros y permanecerán para siempre en el tiempo educativo de jóvenes y mayores.
¿Va por ti, compañero!.