Autol: El segundo puente se acomoda sobre el Cidacos
Dos potentes grúas montaron ayer las vigas de 34 metros y 135 toneladas de peso que soportarán el nuevo viaducto
No fue el paisaje blanco lo que sacó a los catones de sus casas para rondar en la mañana de ayer la vera del Cidacos. A pesar de la nieve y el frío, muchos se acercaron para vivir en primera persona un momento que marcará un recuerdo relevante en su historia reciente: el surgimiento del segundo puente sobre el río Cidacos.
Dos potentes grúas de la empresa Usabiaga y numerosos operarios de las empresas adjudicatarias se afanaron durante toda la mañana en extender y colocar sobre el cauce del río dos vigas de 34 metros y 135 toneladas de peso. Además de servir de aceras, soportarán las planchas que acondicionarán el trazado del puente.
Un segundo puente sobre el Cidacos, en el que el Ayuntamiento catón ha invertido 297.682 euros, es una infraestructura fundamental para descongestionar el tráfico del casco urbano gracias a la comunicación que se abrirá entre la zona de ensanche de La Manzanera con la próxima urbanización de El Paraíso y el nuevo polígono industrial que ejecutará el Ayuntamiento de la mano de la Agencia de Desarrollo Económico de La Rioja (ADER). En cuanto a 'El Paraíso', en breve quedará realizado el proyecto de reparcelación de las fincas para dar relevo al de urbanización. Tras el trámite, a lo largo de este año arrancarán las obras de urbanización.
Después del montaje de ayer, los responsables de las adjudicatarias, la unión temporal formada por las empresas Construcciones Jesús Benavente S.L. y Construcciones L. Elcarte S.L., confían en que las planchas comiencen a echarse a partir de la próxima semana para tener finalizado el puente a finales de febrero.
La espectacularidad del proceso atrajo a la zona a numerosos vecinos, todos bien protegidos del frío. Para la mayoría, sorprendía tanto la fuerza como la precisión de las grúas -con una potencia de 300 y 500 toneladas en punta respectivamente- en la colocación de las vigas sobre las pilastras. Y, cómo no, también daba tiempo a hablar del tiempo. «Parece que clarea», comentaban cuando la nieve avisaba su retirada.
El proceso fue complejo. Primero, un camión acercó hasta el nacimiento del puente las vigas. Tras maniobrar, el camión tenía que entrar en el cauce del río para, desde dentro, permitir que las dos grúas engancharan las vigas. Una vez aseguradas, las enormes grúas hacían gala de su potencia para conducir las vigas hasta las pilastras y nivelarlas e instalarlas con precisión.