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Sábado, 28 de enero de 2006
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AUDIENCIA
OPINIÓN
EDITORIAL
Potente empleo
EL paro en España bajó en más de un cuarto de millón de personas durante el año 2005 quedando en 1,8 millones, el 11% menos que en el 2004. Estos son los datos básicos de la Encuesta de Población Activa (EPA) hechos públicos por el Instituto Nacional de Estadística. La tasa de desempleo queda así en el 8,7% y la población activa en más de 21millones de trabajadores. Sólo se destruyó empleo en la industria, y fue muy poco. Por el contrario, se crearon casi un millón de puestos en los servicios y la construcción, y subió levemente el empleo de la agricultura. Estas estadísticas son favorables no sólo por su cantidad sino también por su calidad. Con respecto a ésta última, la EPA es la única que está homologada con las estadísticas que se realizan siguiendo las directrices de la Organización Mundial del Trabajo. En cuanto a la magnitud de las cifras, la mejora en el mercado laboral español no es una cuestión meramente coyuntural, sino una tendencia a largo plazo que refleja un cambio profundo en la sociedad. En tres décadas los participantes en el mercado han pasado de poco más de doce millones a sobrepasar los veinte, y la tasa de participación -definida como la proporción entre activos y población total en edad de trabajar- ha llegado al 69% en el caso de los hombres, y al 47 en caso de las mujeres, un incremento de casi dos puntos porcentuales en los últimos dos años. Si se tiene en cuenta que casi la mitad de la distancia en el PIB por persona entre España y la UE se debe a la menor participación laboral -casi tres puntos porcentuales- queda claro lo importante de este cambio. La menor participación laboral española es un rasgo diferencial de las economías atrasadas que, como la española, han tenido hasta hace poco un peso desproporcionado del sector agrario sobre la actividad total, y que ha dado lugar, a través del enraizamiento de actitudes y tradiciones, a una renuencia general de las mujeres a participar en los mercados laborales. Pero esto ha cambiado recientemente, y la participación femenina, junto con la presencia de inmigrantes, ha dado lugar a que la tasa de actividad general española se acerque a la de la UE. Es conveniente que para seguir desarrollando la participación, se agilicen los mercados, se flexibilicen los horarios, se potencie la contratación a tiempo parcial, se desregulen los horarios comerciales y se facilite la compatibilidad para hombres y mujeres de la vida laboral con la familiar. Las críticas sindicales a la contratación a tiempo parcial y en general a la flexibilización no están, en este sentido, bien enfocadas. Si las negociaciones para una futura reforma laboral llegan a despegar, sería una estrategia inteligente de sindicatos y empresarios darse cuenta de los profundos cambios demográficos y familiares ocurridos, y adecuar las instituciones laborales a los deseos de los españoles que quieren organizar sus vidas laborales de una forma distinta.



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