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Sábado, 28 de enero de 2006
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CULTURA
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Sus queridos monstruos
Antonio Gálvez (Barcelona, 1928) es algo más que un fotógrafo, entendiendo este término en su sentido estricto y convencional. Su actividad profesional se ha desarrollado cerca del mundo de la escena, cerca del teatro y el cine. Desde 1965, año en el que se traslada a vivir a París, colaborará con el director teatral Hermann Bonnin. Más tarde en 1969 iniciará su vinculación con Luis Buñuel, personalidad artística que va a influir en su obra de forma capital, comenzando así otras colaboraciones con directores cinematográficos.
A partir de los años sesenta desarrollará un trabajo que, pese a su sustrato fotográfico, establece unas claras pretensiones creativas que van más allá de la fotografía tradicional y que se organiza mediante series o colecciones. La más antigua de ellas -Huellas de una mirada sobre Buñuel (1969)- inaugura esta actividad que se verá continuada por sus magníficos retratos de personalidades tan destacadas como Louis Aragon, Francis Bacon, el propio Buñuel, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Marguerite Duras, Juan Goytisolo, Octavio Paz o Antonio Saura entre otros muchos y que irán componiendo la serie denominada Mes amis les grosses têtes (1970). Parece que va a ser esta década de los setenta la que le impulsa a emplear procedimientos mixtos. Combina el collage, en el que mezcla imágenes fotográficas obtenidas de múltiples fuentes con la pintura, a la que recurre a menudo. A este respecto, debe destacarse al presencia de las muñecas realizadas por Marta Kuhn Weber a las que dedicará una serie exclusiva -El monstruario de París (1970-73)-.

Las series fotográficas irán aumentando, componiendo en algunos casos una crónica de toda su vida artística. Algo así ocurre con la que titula esta muestra de la Galería Estudio 22. Esa Falsa Luz del Día (La Locura de este Mundo) (1973-1992) es un buen exponente de la obra de este artista. Tomando como punto de partida la libertad asociativa que preconizaron los surrealistas, Gálvez rastrea en la naturaleza humana, en la propia y en la de los demás. Sus imágenes poseen un claro sentido reflexivo, crítico con respecto al comportamiento humano. No puede ocultarse en ellas un afán moralizador, un deseo, marcado por el pesimismo, por mejorar o denunciar la negatividad que poseemos y manifestamos hacia los demás. Una denuncia que es voluntariamente artística, que no desea sancionar o explicar de forma explícita sino que procura establecer un puente comunicativo a través de la imaginación. La proximidad con la que este trabajo se presenta, a veces lleno de excesos, abigarrado por la cantidad de estímulos que ofrece, me permite reconocer que no es necesario un fuerte despliegue de medios -grandes formatos, magníficas presentaciones, preámbulos exquisitos- para alcanzar buenos resultados. La exposición, resumen de una parte importante de la actividad artística de Gálvez, es una ocasión para conocer una obra original, querida y sentida. Es también un motivo para volver a agradecer la existencia de este espacio, autónomo, autosuficiente e independiente: Estudio 22. ANTONIO GÁLVEZ

Esa Falsa Luz del Día (La Locura de este Mundo)

Estudio 22

Hasta el 31 de marzo



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