| BALONMANO | CAMPEONATO DE EUROPA
La selección de Pastor defiende su prestigio en Suiza
Ya sólo quedan vestigios de la selección que ganó cinco medallas con Juan de Dios Román, pero Juan Carlos Pastor renovó y ganó el Mundial 2005 en su debut. Sin embargo, España sólo es uno más de la media docena larga de países que aspiran al podio en el Europeo de Suiza. Y el comienzo es durísimo: Alemania mañana y Francia el sábado; dos victorias serían media medalla; dos derrotas, el fiasco casi seguro.
Cuando se retiró el gran maestro Talant Duishebáiev, muchos pensaban que España iba a naufragar sin un director de juego tan genial. Pero Pastor ganó el Mundial de Túnez sin él. Pocas potencias pueden alardear de una renovación tan rápida y exitosa.
Sin embargo, eso no garantiza nada porque en el balonmano hay nueve países que suelen ganarse por pocos goles. Y todos ellos, menos Suecia, la gran ausente, disputan este Europeo: España, Francia, Alemania y Eslovenia, en una mitad del cuadro; Croacia, Dinamarca, Rusia y Serbia, en la otra. Y sin olvidar a Polonia (que eliminó a Suecia en la fase previa) y Hungría, capaces de amargar a cualquiera.
Hay cuatro grupos de cuatro; los tres primeros de cada uno pasan a la segunda fase, en dos grupos de seis, arrastrando los resultados entre ellos; y los dos primeros de esos nuevos grupos se cruzan en las semifinales.
La perspectiva de España se puede ver con el vaso medio lleno o medio vacío. Derrotar a Alemania y Francia permitiría jugar con relativa tranquilidad los cuatro partidos siguientes porque bastaría ganar a dos rivales débiles (Eslovaquia, que completa el grupo de España, y Ucrania o Suiza, previsibles terceras en el suyo) y a Polonia para garantizar la presencia en semifinales aunque se perdiera ante la temible Eslovenia. Pero una derrota inicial ante Alemania dispararía todas las alarmas porque sería casi obligatorio (salvo improbables carambolas de resultados posteriores) ganar el sábado a la muy poderosa Francia.
Que España se consolide entre los grandes del balonmano depende además de un factor tan necesario como impredecible, la suerte.