En la sede de su partido en Barcelona, y flanqueado por el secretario general de Esquerra, Joan Puigcercos, Carod-Rovira puntuó con un «insuficiente alto» la reforma acordada y destacó que los principales escollos para que ERC dé su aprobación son la definición de Cataluña y el sistema de financiación.
Dijo que su formación «no puede dar el sí» a la definición de Cataluña, que considera que «no es positiva», y advirtió de que «en este tema no damos el voto favorable». En cuanto al sistema de financiación, señaló que «con las cifras que barajamos, nos parece insuficiente» la fórmula pactada entre Zapatero y Mas.
El líder republicano advirtió de que hasta que ERC no tenga en sus manos «el texto definitivo» del acuerdo «no habrá un voto favorable» de los independentistas catalanes y defendió su postura como «lógica» porque «queremos votar sí al Estatuto, pero sí a un buen Estatuto».
Así las cosas, el líder republicano concluyó que el acuerdo «no está cerrado» y aseguró haber presentado a Zapatero ayer por la tarde una serie de propuestas «constructivas» para mejorar lo acordado con Mas.
En esta misma línea, el portavoz republicano en el Parlamento de Cataluña, Joan Ridao, consideró «precipitado» hablar de pacto. «Para nosotros en ningún caso se puede decir que se haya conseguido un Estatuto aceptable», remachó.
Ridao, que compareció en rueda de prensa en Barcelona junto al 'conseller primer' de la Generalitat, Josep Bargalló, aventuró que seguirán celebrándose conversaciones entre el Gobierno central y las fuerzas políticas catalanas. Por último, criticó que el Gobierno y CiU dieran por cerrado el acuerdo porque «todo está sobre la mesa y es susceptible de ser negociado».
El término 'nación'
A pesar de que Esquerra Republicana de Cataluña se desvinculó de lo pactado por Zapatero con CiU, parece que el Estatuto de Cataluña ya está encaminado. La intervención directa de José Luis Rodríguez Zapatero y Artur Mas en la fase definitiva de las conversaciones desbloqueó el sábado por la noche el acuerdo y acabó con meses de intensas reuniones públicas y secretas entre socialistas y nacionalistas. Exultante por zanjar el asunto que más desgaste político le ha causado, el Gobierno dio por hecho que habrá 'Estatut'.
El texto final no define a Cataluña como nación, aunque sí incluye ese término en el preámbulo para recordar que el Parlamento autonómico así lo considera. No obstante, y a pesar de reconocer el sentimiento de una parte importante de los ciudadanos de ese territorio, el preámbulo recalca que el artículo 2 de la Constitución determina que Cataluña es una nacionalidad, el mismo término que empleaba el Estatuto de 1979 y que seguirá utilizando el futuro texto.
La parte que más complicó el consenso fue la financiación. Este fue el aspecto en el que CiU puso más pegas. El acuerdo final fija que el Estado cederá a la Generalitat la recaudación del 50% del IRPF y del IVA y hasta un 58% de los impuestos cedidos.
El acuerdo final llegó tras seis horas de negociación. Rodríguez Zapatero y Mas consiguieron desbloquear el acuerdo como ya hicieron el pasado septiembre en la tramitación final del texto en el Parlamento autonómico. Am- bos estuvieron en permanente contacto con sus respectivos partidos para informarles de cómo avanzaba la negociación. Mientras que el dirigente nacionalista conversaba con sus compañeros de CiU, en la sede del PSOE en Madrid, Alfredo Pérez-Rubalcaba dirigía un gabinete paralelo compuesto por el secretario de Organización, José Blanco; el secretario general del grupo socialista, Diego López Garrido, y otros miembros de la Ejecutiva Federal.
La reunión la conocían pocos dirigentes del PSOE y de CiU. El Gobierno comunicó a sus socios de ERC e IU la existencia del encuentro y a su término, pasada la medianoche, informaron a sus respectivos líderes del pacto y de su contenido en términos generales.
Puesta en escena
Además del contenido «global» de la reforma, Zapatero y Mas convinieron cómo presentarla ante los medios de comunicación. El Gobierno considera que los principales beneficiados del pacto son Maragall y el propio presidente del Gobierno, por lo que concedió a los máximos dirigentes de CiU la presentación del acuerdo en Barcelona a los medios de comunicación.
Esta puesta en escena primó a CiU por delante de los socios de gobierno en Cataluña y en Madrid, lo que no preocupó a Iniciativa per Cataluña-Els Verds, pero sí generó malestar en ERC. Eso fue lo que Carod-Rovira y Joan Puigcercós comunicaron al presidente del Gobierno en el almuerzo que con él mantuvieron ayer en Moncloa. Cuatro horas en las que le transmitieron sus reticencias a firmar el acuerdo.
Pero tanto el Gobierno como el PSOE se tomaron «con mucha tranquilidad» estos amagos porque «lo decisivo» era llegar a un acuerdo con CiU y «la parte más difícil ya está hecha». Creen en la Moncloa que aunque ahora tarden en dar el sí, la de ERC es una «pose» que esa formación debe dar ante su electorado para mantener protagonismo en la recta final del proceso.
Tras almorzar con Carod-Rovira y Puigcercós, Rodríguez Zapatero recibió al dirigente de ICV y consejero de Relaciones Institucionales de la Generalitat Joan Saura, quien no planteó pegas al acuerdo y dio su aprobación a un texto que empezará a debatir el 7 de febrero la ponencia de la Comisión Constitucional en el Congreso de los Diputados.