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Domingo, 22 de enero de 2006
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AUDIENCIA
OPINIÓN
EDITORIAL
Batasuna no se mueve
LA resolución del juez Grande Marlaska y las reacciones que ha suscitado tanto en la izquierda abertzale como por parte de las demás formaciones nacionalistas no han podido ocultar lo obvio: Batasuna no tenía preparada ninguna buena noticia para ayer en el BEC. El proceso de debate denominado Bide eginez ha consistido en un esfuerzo por recuperar la cohesión y el ánimo militante, asamblea por asamblea. En ningún caso pretendía satisfacer los deseos de una sociedad harta del inmovilismo radical. La izquierda radical vasca trata de mantenerse, impertérrita, atenta a los designios de ETA, mientras alberga la esperanza de arrastrar tras sus señuelos al nacionalismo gobernante y, a través de él, al PSOE. Pero, como ocurrió con la suspensión judicial de sus actividades en el 2002 y su posterior ilegalización, en la concentración de ayer en Baracaldo, Batasuna se vio obligada a mostrarse más impotente y perpleja que soberbia. Por mucho que trate de refugiarse en la defensa de los «derechos civiles y políticos», la izquierda radical vasca es consciente de que el hartazgo social que han ido acumulando su altanería y su cinismo la ha llevado a una debilidad paliada únicamente por las interesadas muestras de solidaridad que suscita en los demás miembros de la familia nacionalista.

Sería absurdo negar la existencia de Batasuna. Pero ello no quiere decir que la democracia esté obligada a aceptar su comportamiento, cuando ha utilizado los beneficios de la legalidad para justificar el asesinato y destruir los fundamentos de la democracia. De ahí que resulte improcedente que la presidencia del Gobierno vasco y las direcciones de los partidos que lo sostienen reciban a los líderes de Batasuna como si fuesen víctimas de la situación. Pero más improcedente sería que acaben secundando una movilización por los derechos civiles y políticos, olvidando que la suspensión de actividades y la ilegalización de Batasuna se deben precisamente al hecho de que dicha formación justifica o contempla con naturalidad la persecución ideológica y la coacción terrorista sobre el adversario.

La apuesta de la coalición ilegal por las vías políticas no será tal mientras persista el terrorismo y Batasuna continúe negándose a condenar el uso de la violencia por parte de ETA en cualquiera de sus manifestaciones. Porque, a pesar de que con demasiada frecuencia las formaciones nacionalistas traten de obviarlo, el único obstáculo para la paz es la banda terrorista ETA. Mientras los partidos nacionalistas y el socialismo vasco se esfuercen en ver novedades esperanzadoras en la negativa de Batasuna a reconocer la derrota política y social del terrorismo, mientras Batasuna encuentre la mínima razón para dirigirse a los suyos reivindicando para sí todo signo de cambio en la política vasca e incluso en la política española, ni la izquierda abertzale ni ETA se sentirán requeridas para que el terrorismo desaparezca ya y para siempre en el País Vasco y el resto de España.



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