«Estaba condenado a morir»
A Baltasar Garzón no se le ha olvidado ni un sólo detalle de aquella madrugada en que su determinación hizo posible la salvación de Ortega Lara. «Llegué al caso por accidente -relata el juez desde su casa en Nueva York-. Estaba de guardia cuando la Guardia Civil solicitó los mandamientos de entrada y registro de varios domicilios y de la nave de Mondragón ante la sospecha fundada de que se pudiera encontrar allí Ortega Lara. Fue una noche de mucha tensión. Aunque la Guardia Civil estaba muy segura, había un margen de dudas sobre lo que podía surgir y éramos conscientes que de haber problemas, lo que le esperaba al secuestrado era la muerte. La verdad es que no había suficientes datos en las pruebas que se aportaban; pero en esta profesión de juez a veces tienes que tomar decisiones de este tipo, jugártela especialmente...».
Garzón explica así la liberación. «Se habían practicado varias detenciones y la nave, desalojado. Pero no veíamos nada. Eran más de las seis de la madrugada. La tensión iba a más. Se volvía una y otra vez sobre lo mismo hasta que se movió una de las máquinas y debajo apareció una pequeña entrada. Uno de los detenidos, nos dijo que no había nada. El mecanismo que despejaba la entrada se había doblado y no se podía activar, de modo que con no poco esfuerzo se logró abrir un espacio útil por el que pudo pasar un funcionario y allí estaba Ortega Lara». Fue la madrugada del 1 de julio de 1997.