«Parece que hay prioridad con los ancianos y los niños muy pequeños»
Varios usuarios del servicio de Urgencias relatan su experiencia en el 'San Millán'
Pregunta: ¿Es eficaz el servicio de Urgencias en La Rioja? Matices de la respuesta: 113.468. Seguramente, tantos como personas han acudido a este servicio durante el pasado año. En una unidad donde juegan multitud de variables y el flujo y la casuística de los pacientes varía, la única aproximación posible es la que se conjuga en primera persona. Aquí se recogen un par de testimonios escogidos al azar siguiendo el único criterio de encaje en los grupos de pacientes que más frecuentan Urgencias: niños y mayores.
Jon tiene dos años. Desde que en septiembre entró a la guardería sufre una bronquitis que no se le acaba de curar y que ha obligado a sus padres a acudir al 'San Millán' a horas intempestivas. La primera fue el 29 de octubre, a las 21.30 horas. El niño presentaba fiebre alta, tos y dificultad respiratoria. «Nada más llegar nos pasaron a la sala de al lado de la recepción y un médico valoró los síntomas», recuerdan sus padres. De allí fueron instantes después a la sala de pediatría donde un médico empezó a tratar a Jon. Tiempo total: «Unos diez minutos». Lo que más prolongó aquella visita fueron las pruebas realizadas al niño y el resultado del tratamiento. «Le aplicaron ventolín y antipirético, tomaron muestras de orina y realizaron placas del pulmón para descartar otras», explican. Padres e hijo volvían a casa sobre la una de la mañana.
El 24 de noviembre repitieron la visita, pero esta vez por una inflamación en el dedo del pequeño que se había pillado la mano con una puerta. Sobre las 11.30 entraron de nuevo por Urgencias y el sistema de triaje les envió a la zona de traumatología. Las radiografías que descartaron la rotura del hueso y la cura con iodo y apósitos requirió algo más de dos horas.
Diagnóstico final: «Parece que hay prioridad con los niños muy pequeños y los ancianos. En nuestro caso concreto el trato del personal médico fue muy bueno y la atención razonablemente rápida».
En coche y ambulancia
Cuando la hija de Máximo fue el 29 octubre a visitar a su padre, de 73 años, enseguida vio que tenía muchas dificultades para respirar y se encontraba desorientado. Inmediatamente cogió el coche y se plantó en la puerta de Urgencias del San Millán. Apenas cinco minutos después de evaluarle, ingresaron al paciente para hacerle un chequeo completo: electrocardiograma, toma de saturación de oxígeno, escáner cerebral, análisis de sangre. «Mientras esperábamos los resultados lo trasladaron a la UCE, hasta que al final decidieron su ingreso en la unidad de geriatría de Valvanera», recuerda. ¿Cuántas horas de espera? «No lo sé. En esos momentos pierdes la noción del tiempo. Quizás lo que más tardó fue que llegara la ambulancia y lo trasladaran a la clínica».
Máximo no tardó mucho en volver. Una vez ya en casa, su estado empeoró hasta el punto de que el 12 de diciembre sus hijos llamaron de urgencia a una ambulancia. «A las 7.45 salía para el hospital; nosotros llegamos sólo diez minutos después y para entonces ya estaba en un box monotorizado y conectado al oxígeno», apunta. De ahí hasta que por fin determinaron ingresarle nuevo la familia vivió el proceso con mucha tensión.
Balance personal: «Lo que más apreciamos fue que en todo momento nos mantuvieron informados y nos iban dando mensajes de tranquilidad».