Es mujer. Fue víctima de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Tiene tres hijos de distintos padres pero no tiene marido. Y además es agnóstica en un país de mayoría católica. Sin embargo, los chilenos reservaron para ella un lugar destacadísimo en la escena política: nada menos que la presidencia del país.
Su suerte estuvo signada desde el inicio. Bachelet nació en Santiago el 29 de septiembre de 1951, apenas dos años después de que se aprobara en Chile el voto femenino. Era 'la niña de papá' de un militar constitucionalista de alto rango y una madre arqueóloga.
A comienzos de los setenta ingresó a la carrera de Medicina en la Universidad de Chile y militó en la juventud socialista. Su modelo, sin dudas, era entonces el flamante presidente Salvador Allende, médico y socialista como llegaría a ser ella algún día. Pero mas temprano que tarde, el sueño devino en pesadilla. Tras el golpe de Estado de 1973 y la muerte de Allende, Pinochet inauguró su férrea dictadura.
Su padre, el general de brigada de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, había dirigido las Juntas de Abastecimiento y de Precios del gobierno socialista y luego de la caída del gobierno fue detenido. En 1974 murió en prisión como consecuencia de las torturas que le infligieron sus pares en plan de reprimir opositores. No obstante la tragedia y los tiempos oscuros que se avecinaban, Bachelet y su madre, Angélica Jeria, resolvieron quedarse en el país. Hasta que en 1975, efectivos de la DINA -la policía secreta del régimen- detuvieron a las dos mujeres y las trasladó a uno de los centros clandestinos de detención de la dictadura. Allí fueron aisladas, interrogadas y torturadas. Más tarde fueron expulsadas del país.
Destrozadas, las dos se exiliaron en Australia primero y luego en la ya desaparecida República Democrática Alemana donde Bachelet siguió sus estudios de medicina y se casó.
Al final de la era Pinochet, Bachelet, que seguía simpatizando con el socialismo, se volcó a trabajar en una organización especializada en el impacto de la represión sobre los niños. Sin embargo, fue a principios de los noventa cuando comenzaría su ascendente carrera política con Lagos.
Ese puesto representó un atajo para una mujer de su carisma. Realizó una reforma para evitar largas esperas en hospitales, y entonces el mandatario le aumentó. La llamó a asumir como ministra de Defensa, la primera de su país. En aquel año, el 2002, las inundaciones golpearon fuerte Santiago y ella se montó a una tanqueta para dirigir las zonas anegadas. Aquella imagen, acongojada por el desastre, la catapultaría a la presidencia.