Angustiosas horas de espera
A la estación de Valdezcaray fueron llegando numerosos familiares y amigos del joven desaparecido, la mayoría de ellos venidos desde el municipio burgalés de Cerezo de Río Tirón, para unirse a las labores de búsqueda. Algunos, incluso, habían pernoctado el martes en la propia estación. La contagiosa angustia se reflejaba en sus rostros, a la espera de novedades que, por más que preguntaban, no llegaban.
Sólo abrazos, lágrimas, tristeza y, sobre todo, impotencia ante una desaparición inexplicable. Sin poder hacer otra cosa, durante horas y horas las miradas de muchos de los familiares y amigos atravesaban el cristal de la cafetería para perderse en el blanco paisaje y, en concreto, en el punto, oculto tras la montaña, donde se centraban las labores de búsqueda. La angustia era mayor conforme pasaba el tiempo. «Son muchas horas ya...», lamentaba uno de los presentes. No paraban de sonar los móviles, pero ninguno traía noticias, ni buenas ni malas. Nada. La oscuridad se cernía sobre la estación. Se sabía que la búsqueda cesaría con la falta de luz, lo que hacía crecer, aún más, el pesar. Durante casi toda la jornada la directora de Turismo, Mónica Figuerola, acompañó a la familia.