Era mi primera visita a los campamentos de refugiados saharauis (espero que no sea la última). Una experiencia extraordinaria: desde mis compañeras de destino, Lola y Tori, hasta nuestro amigo Amu, que nos dio a conocer su vida y cultura. Fuimos sin familia saharaui y volvimos con dos, las familias Azman y Ahmad. Me doy cuenta de que ni mil palabras podrían describir lo que se siente al visitar a los habitantes de los campos de refugiados saharauis. Quizás los cientos de españoles que visitan asiduamente a sus familias saharaus entiendan lo que sentí.
Sólo puedo invitar a toda la gente a que se anime a conocer a este pueblo del norte de África y que le apoye en su lucha. Poder decirle a los saharauis que nos acordamos de ellos. Y es que, señores, vivir en medio del desierto sin agua, ni luz, ni vegetación, y encima no estar en su tierra, es muy duro. ¿Cuántos de nosotros lo soportaríamos?. El pueblo español tiene una asignatura pendiente desde hace 30 años.