| GUILLERMO DE ARANZÁBAL | PRESIDENTE DEL CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN DE LA RIOJA ALTA
«El cabernet en Rioja sería similar al de Chile o Australia, pero nunca como el de Burdeos»
Guillermo de Aranzábal, al frente de una de las bodegas centenarias, defiende la personalidad de las uvas autóctonas y del tinto de Rioja como la mayor garantía de éxito
Empresas como La Rioja Alta, con 120 años de historia y una tradición familiar inquebrantable, apuestan por los cambios tranquilos, como los acometidos enológicamente hace casi una década y que acaban de ver la luz con la reciente salida al mercado de vinos de la añada de 1995: una evolución hacia los nuevos gustos, sin renunciar a la esencia y elegancia de una bodega de las más rentables (de las que más vende en la gama media-alta de precios). Guillermo de Aranzábal acaba de asumir la presidencia del consejo de administración tras el fallecimiento de su padre, lo cual, unido a la jubilación del enólogo José Gallego, ha provocado una pequeña 'revolución' con la incorporación de Ángel Barrasa en la gerencia y el nombramiento de Julio Sáenz como responsable de la enología.
- ¿Es difícil mantener la estructura familiar en un sector tan competitivo como el del vino?
- Las familias en el sector bodeguero, tradicionalmente, no se han servido de las empresas como modo de vida. Así sucede en Riscal, Murrieta o en La Rioja Alta. Desde ese punto de vista, nunca ha habido luchas de poder ni deseos de ordeñar a la empresa, lo que es una garantía.
- La Rioja Alta se mueve despacio, pero a principios de los 90 dieron el salto a Ribera y Rías Baíxas. ¿Han sabido ir por delante del mercado?
- Tratamos de adaptarnos. Hace 20 años teníamos una dependencia 'excesiva' del Viña Ardanza. La gente confundía la marca con la bodega. El vino llegó a suponer más del 60% de las ventas de la compañía y, hoy en día, sin haber bajado de ventas el Ardanza y con la diversificación, el porcentaje se ha reducido a poco más del 30%.
- ¿Corren tiempos difíciles para un elaborador clásico?
- Un cierto sector de la crítica ha metido a todos los clásicos en el mismo saco, pero el mercado, no. Estamos subiendo ventas en el mercado nacional y al mismo tiempo también un poco los precios. Lo que quiero decir es que el mercado aprecia la calidad de nuestros vinos, aunque también es cierto que no son iguales a los de hace 15 años. Tenemos vinos de más color, más fruta... y hemos renovado el parque de barricas, que tenía una edad media de nueve años y ahora es de cuatro. Todo ello se refleja en el estilo de los vinos que, aunque sin salirnos de la tipología clásica de crianzas largas, se han ido adaptando hacia conceptos y tendencias más modernas.
- ¿Es difícil mover una historia como la de La Rioja Alta?
- Es lento. Tenemos una media de ocho años en existencias permanentemente, de modo que cualquier decisión que tomenos sobre el estilo de los vinos tarda ocho años en apreciarse. Los cambios, para bien y para mal, son muy lentos.
- ¿Qué opina del plan estratégico de Rioja?
- Respecto a los temas de las nuevas plantaciones y variedades, creo que ambas cuestiones suponen un riesgo. Plantar 8.000 hectáreas de viña es una barbaridad en estos momentos. En los próximos dos o tres años habrá mucha uva y a precios bajos. Ya este año hay uva no amparada que no sé cómo va a salir de las bodegas. En cuanto a las variedades, para bodegas sin demasiada tradición exportadora les es más fácil vender un vino que ponga en la etiqueta cabernet sauvignon, pero dentro de diez años les será mucho más difícil. El cabernet de Rioja sería similar al de Chile o el de Australia, pero nunca como el de Burdeos. Creo que se defiende mucho mejor el precio y el futuro con las uvas autóctonas, es decir, con identidad. Nosotros invertimos en Galicia buscando precisamente eso: la personalidad del albariño y su calidad, que es diferente a todo lo demás.
- ¿Cree que el debate obedece más a una tentación mercantil que a una necesidad real?
- Se están buscando facilidades a corto plazo. De hecho, las grandes compañías australianas están ya olvidándose de distinguir los vinos por la variedad para potenciar la marca. Si Rioja acepta estas variedades iríamos por detrás de otras zonas que ya han superado estos debates.
- ¿Opina lo mismo para las variedades blancas?
- Nosotros ya no producimos blanco en Rioja porque no es el mejor vino, como sí sucede con el tinto. No creo que en Rioja se puedan hacer grandes blancos de calidad y a buen precio. Nosotros hacíamos el Viña Arana blanco, que no sabíamos vender, y el Ardanza reserva, que en este caso sí era especial y original por su largas crianzas. Pero el mercado para esos vinos es muy limitado.
- ¿No le da pena haber perdido la originalidad de esos vinos?
- Sí. Pero su mercado es muy limitado. Nosotros dejamos de hacerlo por dos motivos: porque se vendía muy poco y porque López de Heredia lo hacía mejor. Rioja con los blancos no lo tiene fácil, pero sí que tiene un gran futuro con los tintos.