Desde el 1 de enero, los obreros sólo pueden fumar, durante los treinta minutos del bocadillo, en las puertas que dan a los jardines de la empresa. «Debemos ser transigentes, pero todos con todos», apunta uno de los empleados. «La Ley es demasiado rígida y debería haber permitido, en las factorías, la creación de lugares donde un fumador pudiera sentirse a gusto», añade.
Si ya en cualquier ámbito de la sociedad mucha gente se siente enganchada al tabaco, la situación entre los trabajadores de Altadis resulta aún más preocupante. «Vemos pasar por nuestras narices 16.000 cigarrillos al minuto que nos están diciendo '¿fúmame!'», argumenta otro empleado. Entre los trabajadores se echa de menos un plan antitabáquico impulsado por la dirección de la empresa. «No han previsto hacer cursos de deshabituación», informa uno de los trabajadores, «y ya sabemos que muchos optarán por ir al psicólogo».