A orillas del Ebro, en el Logroño de 1920, en un castillo o en la aldea de Belén. Todos los comercios, delegaciones y oficinas que estos días exponen sus belenes al público buscan la originalidad para ambientar el nacimiento de Cristo. Los hay con un año entero de trabajo y están los de los modestos, que dicen que sólo han tardado unas horas, pero todos ellos tienen en común la ilusión y dedicación por llamar la atención del público y ganar algunos de los premios que se ofrecen para los mejores en distintas categorías.