ZAPPING

LUIS JAVIER RUIZ - DAÑOS COLATERALES

Desde la comodidad de nuestros sillones hemos asistido este fin de semana a la polémica que tiene en vilo a medio país: el ¿gol? de Messi ante el Valencia. Que el balón entró parece tan obvio como que no fue gol: el árbitro no lo vio (teorías conspiranoicas al margen). Las imágenes han dado la vuelta al mundo, se han abierto debates fútiles y han corrido ríos de tinta como si nos fuera la vida en ello. El triunfo de lo intrascendente.

Pero desde esa misma comodidad que aporta el hogar, las imágenes que la semana pasada difundió la cadena estadounidense CNN no han gozado de tantos minutos, debates y líneas de texto. Son de peor calidad que las de Mestalla; bastante oscuras; recogidas, probablemente, con un teléfono móvil y grabadas, en algún lugar de Libia, en vertical. En ellas se puede ver a un grupo de subsaharianos que permanece en pie mientras son escrutados. No es un reconocimiento médico ni policial. Tampoco forman parte de un reportaje sobre la inmigración. Es una subasta de esclavos. No hablamos de 1800, hablamos del 2017.

Al grito de 'Hombres fuertes para el campo', el vendedor presenta su 'producto' mientras los compradores suman dinares a sus ofertas. La subasta se cierra en 800 dólares, algo más de 670 euros. Es 'caro': un ser humano, en Libia, se ha llegado a vender por 300 euros. En su búsqueda de un futuro mejor en Europa muchos han encontrado el infierno antes siquiera de vislumbrar las costas de su 'Dorado' inalcanzable.

Pero esa realidad es incómoda. Perturba nuestra forma de vida, nuestra rutina, nuestro ocio, nuestra forma de mirar al resto y cuando nos ataca encontramos la solución en el mando a distancia de la televisión.

El zapping sólo esconde tragedias; no las soluciona. No lo olvidemos.

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