¿A quien voto, a quién?

ALONSO CHÁVARRI

Los diarios y los telediarios están desbordados de noticias políticas sonadas en estos momentos en que escribo la columna y, en el fondo, casi todas responden a un mismo origen: la desastrosa, cuando no delictiva, actuación de nuestros políticos, que ya no consiguen desviar la atención de estas 'sensacionales' noticias, por mucho que lo estén intentando.

La sentencia del caso Gurtel ha dejado desnudos, de disculpas, a los dirigentes del Partido Popular, pues un juez reconoce que no cree en las palabras del presidente Rajoy, respecto a que no sabía nada de la financiación ilegal de su partido y de sus excrecencias. Los socialistas presentan su moción de censura, presentándose como paladines del buen hacer político, pero olvidan que tienen a dos expresidentes autonómicos ante los jueces y, tampoco, su pasado es para tirar cohetes. En Podemos, el famoso chalet de casi seiscientos mil euros -aunque, como dice el señor Ansón «no es una mansión en el barrio de Salamanca, sino una casa a cuarenta kilómetros de Madrid» y, evidentemente, no es para tanto- ha propiciado la insólita situación de que los adscritos al partido morado tengan que decidir la continuidad de sus máximos dirigentes. También están siendo llamadas ante el juez veintinueve personas, parece que relacionadas con los gastos del Procés, mientras se cita a otros veintitrés investigados por el caso catalán del tres por ciento. Y la última noticia es que otro juez ha anulado la venta de casi tres mil viviendas públicas a fondos 'buitres' cuando era presidente autonómico otro encarcelado.

Ya suponemos que esto es sólo la punta del iceberg de una forma de entender la política, que probablemente pase a la historia con la frase de otro encarcelado: «Yo estoy en política para forrarme!, pero es lo suficientemente grande como para que, de una vez, alguien tome cartas en el asunto. La pregunta es: ¿quién es ese alguien que ha de coger al toro por los cuernos? Evidentemente, no pueden ser los dirigentes políticos que están en boca y en duda de todos; podrían y deberían ser las bases de los partidos implicados en estas noticias, pero no me imagino, por ejemplo, a las bases populares llamando a mandamiento a sus dirigentes, lo cual sería, en las actuales circunstancias, una decisión patriótica; tampoco las bases socialistas hicieron nada en otra situación con bastantes similitudes y, acabo de enterarme, las bases de Podemos tampoco han hecho nada en la llamativa consulta sobre la continuidad de sus dirigentes, por la compra del famoso chalet. Así que los únicos que podrían hacer algo, para arreglar esta perturbadora situación de malas y repetidas noticias en la vida política, serían los ciudadanos a la hora de votar, pero, si soy sincero, no confío demasiado en que las elecciones arreglen algo.

Todo esto me trae a la memoria la anécdota de un solterón, en el medio rural, a quien su madre no dejaba de dar la lata con la cantinela «cásate hijo, cásate hijo», hasta que él, harto, contestó: «Pero ¿con quién, madre, con quién?». Algo parecido digo yo: ¿A quién voto, madre, a quién?

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