Volvemos a la angustia

Las instituciones catalanas ya han sido devastadas por los independentistas y son un puro esperpento

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Habían empezado los suyos, pancarta, dimisiones, abandonos de partido y gritos callejeros mediante, a hacer un escrache y a llamar «traidor» a Puigdemont antes de comer por no proclamar la independencia y atreverse a sugerir elecciones anticipadas. Pues bien, a las toreras cinco de la tarde, ya estaba el todavía president aniquilando la esperanza, diciendo que de elecciones anticipadas nada de nada y que la independencia es para hoy. Eso después de dos convocatorias de comparecencia frustradas.

En una intervención solitaria, que más bien parecía una huída, Puigdemont ha abortado la leve esperanza que se había suscitado por la mañana: habrá elecciones y esto no impedirá la tramitación del artículo 155 de la Constitución en el Senado, pero amortiguará su aplicación. Nada.

En su estilo confuso, en el que dice y no dice, pero acaba diciendo, parece que la escuela de traductores concluye que no habrá elecciones anticipadas en Cataluña, que se aplicará el 155 y que este viernes se declarará la independencia. Destrozo consumado. Entre medias, las instituciones catalanas ya han sido devastadas por los propios independentistas y son un puro esperpento.

Teníamos tantas ganas de pasar de la angustia de los últimos meses a una leve esperanza, que dimos por buenas las informaciones que desde el mediodía nos decían que habría elecciones anticipadas. Estupendo. Se reconocía el disparate, se volvía a la legalidad, se daba la palabra a los ciudadanos y se ganaba tiempo. Parecía que el propio Puigdemont había entrado en razón. No. Al final pedía garantías de quedar él a salvo y que nada se tramitara del 155 que «les venía de coña», en expresión de Joan Tardá.

El gobierno, después de tantas felonías, no se fiaba y quería seguir con la tramitación, que no suspensión efectiva, del gobierno golpista de Puigdemont.

Vista la imposibilidad metafísica de saber que pasará, al parecer ni los propios protagonistas lo saben, lo que tenemos a fecha de hoy es el destrozo, la vuelta a la desazón y la constatación de la absoluta irresponsabilidad de este president puesto y atornillado por el soviet de la CUP.

La fractura social se consuma, la indignación se instala en los catalanes que ven como se salta la ley, se clausura el Parlament -¡ocho semanas sin rendir cuentas por el señor Puigdemont!- y se desprecia a los no considerados como buenos catalanes, los del PP y Ciudadanos, según Forcadell.

Se habla de una supuesta negociación que explicaría la suspensión de dos convocatorias. Lo cierto es que si Carles Puigdemont hubiera querido, hubiera convocado elecciones autonómicas y hubiese hecho muy difícil la aplicación del 155, que molesta incluso a quienes deben aplicarlo. Volvemos a la angustia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos