Voluntariado y solidaridad en España

CRISTINA MOLINA ZURITA

A diario me hago una pregunta cuando los programas de televisión, radio o la prensa, esparcen titulares con la palabra solidaridad y voluntariado. Se piden voluntarios para cualquier cosa, para limpiar ríos, recoger basura de las playas, trabajar en refugios de animales abandonados, acompañar a ancianos que viven solos, enseñar nuestro idioma a inmigrantes y refugiados...

Todo eso está muy bien pero... ¿Nos damos cuenta que seguimos teniendo millones de parados en España? ¿Nos damos cuenta de que, en circunstancias normales, esto serían puestos de trabajo remunerados para miles de personas? ¿Nos acordamos de que sigue habiendo gente que no llega a fin de mes o debe decidir si comer o pagar facturas?

Las empresas no pueden perder ni un euro, pero los trabajadores y sus familias sí pueden vivir del aire... Las empresas pueden tener miles de millones de ganancias en un año, pero no bajan las facturas de los consumidores, ni suben los salarios de sus trabajadores, o dan beneficios para sus accionistas (en muchos casos pequeños ahorradores), ni dan pagas de beneficios, palabra prácticamente erradicada del lenguaje laboral.

Cualquier empresa se abre o se sostiene con voluntarios, becarios, estudiantes en prácticas o gente, tanto jóvenes como mayores, con contratos de días o semanas. Pero está muy bien visto colaborar con determinadas ONG y dedicar fondos para formación o hacer fundaciones con buenos beneficios fiscales que les descuentan en impuestos.

La solidaridad empieza por los que tenemos al lado. Esos que tienen salarios miserables. Las que por razón de sexo reciben menos sueldo por su actividad profesional. Los que, teniendo que volver a estudiar a los cuarenta y tantos para sacarse un nuevo título, tienen que hacer prácticas no remuneradas, mientras la CEE subvenciona cursos por los que cobran 300 euros al mes y que estudiando tres meses reciben un diploma que les permite trabajar en las mismas condiciones o mejores que tú tras un año de estudios y tres meses de prácticas.

Gente que sobradamente preparada no tiene una oportunidad para demostrar lo que vale, ya acabes de terminar los estudios, ya tengas más de 50 y te hayan despedido. Nuestros jóvenes se plantean irse al extranjero dónde tienen esperanzas de encontrar un trabajo mejor remunerado que en España. Tenemos que hacer cantera para que ellos generen riqueza en nuestro país y no en un país vecino.

Tener un trabajo digno está, nunca mejor dicho, cotizadísimo, y eso que es un derecho constitucional tanto como tener un hogar, una educación, la no discriminación, y otros derechos fundamentales tan olvidados últimamente por nuestros políticos, sean del partido que sean, a los que les basta con el número de contratos que se han firmado sin tener en cuenta su duración, o encuestas de medias salariales que me gustaría saber quién gana.

También es solidaridad ofrecer un puesto de trabajo con una remuneración digna (no solo el salario mínimo interprofesional), la conciliación con la familia, el descanso y la educación de los hijos. También es solidaridad tener empleados contentos con contratos estables para planificar su vida.

La solidaridad no solo se brinda al refugiado y al que viene en patera o huyendo de la guerra. La solidaridad es para todos.

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