El AVE que vino a visitarnos

«Sí existe alternativa y pasa por una renovación total del eje actual, con transporte ferroviario de personas y mercancías debido a su menor impacto ambiental, su seguridad, comodidad y mayor utilidad social»

El pasado mes de diciembre ha vuelto a visitarnos uno de esos mitos modernos que llenan tanto tertulias oficiales como oficiosas. El tren de alta velocidad, conocido como AVE, ha vuelto por Navidad. Esta vez el debate nos lo sirvió el pasado 13 de diciembre el mismísimo ministro Iñigo de la Serna cuando, acuciado por la noticia de que Fomento había dejado caducar el informe de impacto del AVE Castejón-Logroño, nos anunciaba un nuevo estudio para llevar el AVE a Miranda.

Teniendo en cuenta que en la actualidad hay proyectos como el de Jaén-Madrid, licitado desde 2010 y que sigue a la espera de dotación presupuestaria siete años después, podemos asegurar que este anuncio es un auténtico brindis al sol.

Como ya conocerán, el ministro no ha dudado en atusarse el flequillo y, ante las críticas, diez días después ha optado por decir que sube la apuesta y retomará el proyecto a Castejón, población que el pasado octubre vio en el BOE cómo se comenzaba el estudio informativo (apuntemos lo de informativo) para la renovación del trazado existente de doble vía con posible adaptación a la alta velocidad (no uno nuevo).

Ante tanta insistencia, queremos decir que esta no es la inversión ferroviaria que necesitamos, no porque nos opongamos a una inversión ferroviaria, sino por lo que ha supuesto el AVE hasta ahora en España. También queremos explicar qué tren queremos. O mejor dicho, que queremos trenes, una carencia, por desgracia, de la que La Rioja adolece.

Lo primero que debemos hacer es dejar claro que el AVE, tal y como ha avanzado el sistema ferroviario mundial, se ha convertido en un término comercial, exclusivo y de largo recorrido. Por eso lo que hay que solicitar son trenes de velocidad alta por vías convencionales adaptadas donde circulen mercancías. Debemos huir del mito de modernidad que supone el AVE, cuyo debate nos evita centrarnos en una solución real, asequible y socialmente justa.

El AVE se nos vende como generador de desarrollo económico y vertebrador del territorio, cuando es todo lo contrario. No hay ningún ingeniero, técnico o economista independiente que defienda la idoneidad de esta infraestructura y repite el error cometido de colocar un aeropuerto en cada capital de provincia. Por esa razón nadie de los que nos vende el AVE viene con un plan de viabilidad y tasa de retorno de la inversión debajo del brazo.

Escuchar a alcaldes como el de Calahorra o Rincón de Soto hablar del AVE hace pensar que estos señores lo están confundiendo con un cercanías, ese que nunca tuvimos y que nunca nadie ha pedido; un cercanías que, por ejemplo, les pudiera comunicar con Haro de forma constante y periódica. Pero aquí viene el problema de base, algo que no solo se da en La Rioja: ¿por qué se invierte en AVE y no en convencionales y cercanías?

España tiene 3.240 kilómetros de AVE (solo superada por China), donde se han invertido 56.000 millones de euros hasta ahora, lo que ha supuesto más del 40 % del total de la inversión en infraestructuras de transporte. Estas líneas son exclusivas para viajeros, tanto por peso límite para no dañar la raíles, voltaje de la máquina motora y ancho de vía, lo que ha supuesto el abandono del transporte de mercancías por tren, cuya cuota modal ha bajado a un 2,5%.

Por el contrario, se ha dejado morir la red convencional. Mientras 35 millones de personas viajan en AVE en 2016, 405 millones lo han hecho en trenes de cercanías. Sin embargo, el primero recibió 3.700 millones y el segundo sólo 121, con el deterioro que esto ha supuesto para este tipo de transporte.

Contamos, además, con estudios como los de FEDEA, la UPV o la Universidad de Barcelona que afirman que el AVE no responde al interés social y su inversión es irrecuperable; la rentabilidad es imposible. Esto hace que el AVE sea caro y que las actuales políticas que se están aplicando para aumentar el número de viajeros en el tren de alta velocidad se estén financiando con el incremento de las tarifas de cercanías.

A ello hay que añadirle el coste medioambiental. Se requieren líneas rectas con unos radios de curvatura muy amplios y escasas pendientes, lo que conlleva fuertes desmontes, túneles y viaductos. Además, todo su recorrido debe estar vallado, generando fronteras infranqueables para la fauna, por no hablar del coste energético, el cual es asimilable al del avión.

Por último, queremos dejar claro que sí existe alternativa. Esta pasa por una renovación total del eje actual, con transporte ferroviario de personas y mercancías debido a su menor impacto ambiental, su seguridad, comodidad y mayor utilidad social. Con esto se reducirían los tiempos con los grandes ejes y se derivaría esa inversión a otras necesidades que tiene La Rioja en nuevas tecnologías, generación de empleo, energía y desarrollo social.

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