Vida después de la vida

JULIO ARMAS

No hace mucho, con la excusa de comer juntos, pasé un buen rato charlando con unos amigos. Como no queríamos hablar de política, y para hablar de sexo a un servidor ya le falla la memoria, decidimos hablar de la vida que nos espera después de esta vida. Pronto una rápida observación saltó sobre la mesa. Uno de nosotros nos informó que era ateo. Niego la existencia de Dios, después de esto no hay nada, dijo. El Universo apareció por la explosión de la 'nada'. Siendo así no tiene cabida eso de que fue Dios quien lo hizo. Y ahí se quedó, más tranquilo que 'el Bomba'. Ninguno quiso convencerlo de lo cierto o erróneo de sus creencias. Cuando uno deriva la creencia en Dios del entendimiento de su obra universal, el camino a recorrer hasta alcanzar el conocimiento se presenta arduo cuando no imposible.

Pero... «la mente humana, y no importa cuán altamente capacitada esté -dejó dicho Einstein-, no puede comprender el universo. Estamos en la posición de un niño pequeño, entrando en una enorme biblioteca cuyas paredes están cubiertas hasta el techo de libros en muchos idiomas diferentes. El niño sabe que alguien debió haber escrito esos libros. No sabe quién ni cómo. No entiende los idiomas en los que están escritos. El niño observa un plan definido en la organización de los libros, un orden misterioso que no entiende, pero apenas sospecha sutilmente. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso de la más grande y la más culta, hacia Dios. Vemos un universo maravillosamente organizado, obedeciendo ciertas leyes, pero solo entendemos las leyes vagamente. Nuestras mentes limitadas no pueden escrutar la fuerza misteriosa que balancea las constelaciones».

¿Y saben qué es lo que pasa?, pues que yo creo que don Alberto llevaba razón. La mente humana no puede comprender el universo. Difícil será, a partir de ahí, convencer a los ateos de que cambien de opinión. No lo intentaré, y menos desde aquí, pero, ¿y hacerles comprender que su incomprensión terrena no anula la existencia de Dios? Eso ya es otra cosa. No todo lo que no se comprende no existe.

Hace tiempo, y además no sé de dónde, me llegó una especie de cuento. Tampoco sé por qué lo guardé ni cuál ha sido el motivo por el que ahora, él solito, se me haya hecho de cuerpo presente. Dando las gracias al anónimo ser que me lo envió, paso a recontárselo.

Érase una vez... que en el vientre de una futura mamá había un par de gemelos que ya iban por su séptimo mes de vida y que allí, calentitos, sentían que no podían estar ni en mejor sitio, ni más satisfechos. Un día, mientras uno de ellos intentaba pasar su brazo tras la espalda del otro oyó cómo este le preguntaba:

- Oye, enano, ¿tú crees que hay vida después del parto?

- Pues claro que sí... aquí se está muy bien... pero no vamos a estar aquí para siempre... tendrá que haber algo después del parto... a lo mejor estamos aquí para prepararnos a vivir nuestra vida de otra manera.

- ¿Y de qué manera?

- No lo sé, pero si tenemos ojos me imagino que será porque en la otra vida habrá más luz que aquí, si tenemos piernas será porque las necesitaremos para caminar y si tenemos boca seguro que será porque tendremos que utilizarla para comer. A lo mejor, en un mañana ahora desconocido, tenemos unos sentidos que no podemos imaginar ahora.

- Nada, hermano, me parece que no te aclaras... ¿Es que no ves que con este cordón umbilical, tan corto, el caminar nos será imposible?

- ¿Y la boca?

- Pues lo mismo. No nos hará falta comer por la boca porque es por el cordón por donde nos alimentamos. No te vuelvas loco... bien claro está que la vida después del parto es imposible.

- Bueno, pues qué quieres que te diga... a mí me da la impresión de que algo tiene que haber... y vete un poco más allá que ocupas mucho sitio.

- Vale, pero, además, si hubiera vida después del parto, ¿por qué nadie de los de allá han venido a darse una vuelta por aquí? No te vuelvas loco hermano, vamos a cuidarnos ahora lo máximo que podamos porque después del parto no habrá nada más que oscuridad, silencio y olvido.

- ¡Pues no lo creo!, por más que insistas no puedo creerlo... seguro que después de que nazcamos mamá se encargará de cuidarnos.

- ¿Mamá...? ¿Pero es que tú crees en mamá...? Si mamá existe, ¿dónde está ahora?, ¿eh?

- Pues alrededor nuestro... nosotros somos ella... sin ella no viviríamos...

Por más vueltas que he dado a los papeles, no he conseguido encontrar la hoja en la que se supone que vendría el final del cuento. Pero, ahora que caigo... ¿y si el cuento, a más de hacernos pensar, ya había dicho todo lo que tenía que decir? Se nos hizo tarde y tuvimos que levantar la tertulia. Fue una pena. El restaurante tenía que cerrar. Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos