UNA VICTORIA ENVENENADA

La contumacia con la que el Partido Popular parece dispuesto a progresar, victoria a victoria, hacia la derrota final no tiene límites. La forma en que se ha dado a conocer esta semana el descarte de la opción alavesa para la comunicación ferroviaria de alta velocidad entre Logroño y Miranda de Ebro no ha podido ser más inadecuada. Si la decisión de que la nueva línea de ferrocarril evite el paso por territorio foral ha de ser interpretada como una victoria, sólo cabe atribuir el desdoro de una derrota a cualquiera de los itinerarios riojanos que finalmente sea elegido. La cuadratura del círculo. El éxito colectivo que debería suponer la posibilidad de subirse al tren del futuro se sirve ahora con el sabor amargo de un fracaso, para mayor gloria de los dirigentes del PP del País Vasco.

El ministro de Fomento dio a conocer el pasado mes de diciembre la consideración de hasta cuatro alternativas para hacer llegar el Ave, vía Miranda de Ebro, hasta la capital riojana. El jueves se supo que dos de ellas habían sido desestimadas. Pero no fue el departamento que dirige Íñigo de la Serna, sino el Partido Popular, el que rentabilizó la noticia para colgarse una medalla. La alternativa Norte, que discurría casi en su totalidad por territorio alavés, era la más corta y la más barata: 57 kilómetros y 710 millones de coste de ejecución, con 4,8 kilómetros de túneles y 7,2 de viaductos. Era también la que ofrecía un menor tiempo de conexión: 20 minutos desde el nudo ferroviario burgalés hasta Logroño. Ya no cuenta.

Como quiera que las afecciones ambientales y la intrusión en el paisaje del viñedo eran notables, viticultores y bodegueros alaveses decidieron movilizarse en defensa de sus intereses. Lo hicieron con el respaldo del Gobierno vasco y de la Diputación foral. Con la excepción del compromiso de las instituciones en la protesta, que aquí no se ha producido, sucede exactamente lo mismo con los otros itinerarios posibles, de los que ya sólo quedan dos sobre la mesa, una vez retirado también el que discurría más al sur, para adentrarse en territorio burgalés pasando por Sajazarra y Cellórigo.

Una vez más, el problema estriba en buscar la fórmula que concilie mejor el interés general con el provecho de los particulares afectados. Con la singularidad de que, en esta ocasión, la defensa de las propiedades privadas que podrían verse afectadas por la construcción de la nueva línea ferroviaria encuentra amparo en la supuesta voluntad de preservar un bien colectivo. Nada menos que el paisaje del viñedo, cuya protección como bien patrimonio de la humanidad fue solicitada años atrás a la Unesco.

Para complicar el debate, conservacionistas y valedores de lo que entienden que es una apuesta por el progreso exponen sus discrepancias sin dar lugar a la búsqueda de un punto de encuentro. Ya ha sucedido, en el mismo entorno, con los proyectos de nuevos tendidos para garantizar el servicio de suministro eléctrico en La Rioja Alta. La prosperidad suele tener sus costes. Haro fue una de las primeras ciudades españolas en contar con luz eléctrica. También presume, entre sus valores patrimoniales, de tener un barrio de bodegas único en el mundo, creado en torno a la estación de ferrocarril. Curiosas paradojas. Ahora es el sector del vino el principal opositor contra las nuevas líneas ferroviarias y frente a las de transporte de electricidad. Son otros tiempos y existen otras sensibilidades. Pero no deja de ser llamativo que compañías que han escrito parte de su historia de éxito gracias al tren sean ahora las que portan la pancarta de la manifestación contra la adaptación de las infraestructuras ferroviarias a las exigencias propias del siglo XXI.

En el fragor de la controversia, cabe esperar que la elección definitiva de un itinerario por parte del ministerio de Fomento, sea cual sea, encontrará una fuerte contestación. Y fruto de esa discrepancia el proyecto necesitará sortear múltiples obstáculos con los que Fomento debería ir contando. Los de naturaleza política no serán, entre ellos, los más pequeños. De la misma forma que el PP vasco ha querido anotarse ahora el mérito de haber librado a Álava de las afecciones de la línea ferroviaria, el PNV ha hecho gala de su influencia presupuestaria sobre el Gobierno de España para dar amparo a las aspiraciones de los viticultores y bodegueros alaveses. Si fuera cierto, habrá que estar atentos al futuro poco probable de la única de las dos opciones aún vivas que toca mínimamente territorio vasco por Salinillas de Buradón, una junta administrativa de Labastida. Y en este contexto, el papelón que le han asignado a José Ignacio Ceniceros de cara a las próximas elecciones regionales y municipales adquiere dimensiones antológicas. Nada menos que intentar convencer a los electores, además de a grupos de presión tan influyentes como los que forman viticultores y bodegueros de La Rioja Alta, de que aquello que con las mismas siglas del PP se vende como malo para el País Vasco es bueno para los riojanos.

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