Viajar

SYLVIA SASTRE

Es época de viajes. Con el período estival se agudiza nuestro nomadismo, un poco más difícil si vivimos en La Rioja, porque viajar en transporte público desde o hacia Logroño no es nada fácil.

Las vías de comunicación son fuente de progreso, lo fueron en la antigüedad y lo son hoy, porque a través de ellas fluye la cultura y el intercambio comercial o industrial, promoviendo la riqueza del entorno. La importancia de estar bien comunicado ha sido un elemento esencial, pueblos o ciudades que perdieron su situación en estas vías, por el rediseño de rutas existentes, cedieron su pujanza a otros núcleos incipientes a los que la coyuntura del trazado viario favoreció.

Viajar hoy a (o desde) Logroño y La Rioja es difícil o, al menos, más de lo que sucede en otras regiones de España, aún contando con un moderno aeropuerto cercano, trazado ferroviario, y una buena red de carreteras.

El avión es un medio cada vez más residual que no justifica el coste que tuvo y tiene un aeropuerto. El transporte ferroviario está anticuado, con unas vías que deben modernizarse (no solo con un nuevo edificio de estación) para ajustarse a los estándares actuales y una frecuencia de conexiones con las principales ciudades del país claramente insuficiente; por ejemplo, hacia Madrid hay un solo tren directo a primera hora de la mañana y uno de regreso a media tarde, viajar hacia o desde Barcelona es más factible aunque no profuso, Bilbao es una lenta epopeya, Zaragoza está mejor comunicada con trenes regionales y algún convoy de alta velocidad que se ralentiza en nuestras tierras ofreciendo, al menos, la posibilidad de transbordos que nos acercan a destinos. El autobús es más operativo, estableciendo vínculos con diversas ciudades del Estado, pero tampoco es suficiente.

La solución para el ciudadano es el coche propio, o la fatigosa y azarosa posibilidad de seguir rutas combinadas vía Zaragoza, Bilbao o Madrid con el esfuerzo personal y trajín de bultos y maletas que supone. Si llegar mediante el transporte público a lugares cercanos es difícil, viajar hacia o desde países vecinos, u otros más alejados, es una epopeya que reclama alta inversión temporal e imbricadas combinaciones entre medios de transporte y horarios.

Una comunidad autónoma de progreso, productiva y con buen nivel de PIB, no puede permitirse continuar en esta situación, ni en época de plena actividad laboral ni en otra más vacacional. No valen justificaciones u obstáculos para no cambiarlo, ¿escasea, quizás, la determinación suficiente para afrontar un elemento prioritario para su progreso sostenible y comunicación con el mundo?

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