Viaja, disfruta y respeta

Viaja, disfruta  y respeta

«Un sector de turismo sostenible promueve la preservación del medio ambiente y la protección del patrimonio cultural material e inmaterial, pero, lo que es más importante, promueve el compromiso y el respeto por lo local»

El año 2017 ha sido el Año Internacional del Turismo Sostenible y, llegados a su fin, parece oportuno reflexionar en torno a lo que ha significado y su pertinencia. Pero primero, para situarnos, viajaremos a través de la historia del turismo. Los viajes de ocio no son un fenómeno nuevo, de hecho, ya los griegos se desplazaban para asistir a los juegos olímpicos o los romanos hacían sus viajes a las villas veraniegas. Y aunque el origen no lo tenemos del todo claro, desde una perspectiva etimológica existen diversas explicaciones a cerca de la procedencia del término 'turismo', una de las cuales lo relaciona con el alrededor de Europa al que, allá por el siglo XVIII, las familias ricas británicas mandaban a sus hijos para ampliar conocimientos.

Pero la incorporación del turismo como actividad económica fue gracias al inglés Thomas Cook. Este predicador baptista, que creía que el principal problema de la sociedad victoriana era el abuso del alcohol por parte de las clases obreras, fue el primer emprendedor turístico. Cuenta la leyenda que un día, mientras paseaba, inmerso como iba en sus devaneos para buscar una solución a esa lacra social, de pronto le vino a la mente «la posibilidad de emplear el poder del ferrocarril y la locomoción para impulsar una reforma social». Dicho y hecho, en 1841 organizó un viaje para más de 500 personas a Leicester con motivo de un congreso de la liga antialcohólica. A pesar de que ese primer viaje no le reportó demasiado éxito económico, Cook vio el potencial de esta actividad y se decidió a crear Thomas Cook & Son, la primera agencia de viajes.

* Enma Juaneda es profesora de la Universidad de La Rioja y ha sido directora del Curso de Verano 'Año Internacional del Turismo Sostenible

Pero el impulso del turismo sucedería un siglo más tarde, con la generalización de las vacaciones pagadas, la mejora del transporte y el aumento de la renta per cápita en los países europeos. En el último medio siglo el turismo ha crecido y se ha diversificado en tantas tipologías que permite a los turistas elegir entre turismo deportivo, rural, cultural, de compras, enoturismo e incluso puedes irte de viaje y aprovechar para hacerte una intervención quirúrgica... para gustos los colores.

El hecho es que el sector turístico se ha convertido en uno de los sectores más importantes y de mayor crecimiento del mundo. La Organización Mundial del Turismo (OMT) señala que los desplazamientos internacionales de turistas a nivel mundial han pasado de 25 millones en 1950 a 1.235 millones en 2016. Aún sin datos definitivos de 2017, el barómetro de la OMT de diciembre muestra que este será un año con nuevos récords turísticos: 1,127 millones de turistas internacionales hasta octubre (un 7% más respecto al mismo periodo del año pasado). Esta tasa de crecimiento ha superado con creces la tendencia alcista observada en los últimos años y, según el informe continuará in crescendo hasta alcanzar los 1.800 en 2030.

En lo que se refiere a España, las cifras también son espectaculares. Según la encuesta Frontur de Movimientos Turísticos en Frontera, durante los nueve primeros meses del año llegaron a nuestro país más de 66,1 millones de turistas internacionales, con una temporada alta de vértigo: 38.203.864 turistas de los que 10,5 millones fueron en julio y 10,4 en agosto, nuevos récords absolutos.

Estas cifras de desplazamientos adquieren un mayor significado cuando lo traducimos a los efectos que estos movimientos producen sobre los destinos turísticos. En efecto, el turismo repercute en la economía (a nosotros no lo van a decir), en el entorno natural, en la población local de los lugares visitados, y esta repercusión no siempre es favorable. De hecho, durante este año hemos podido escuchar como la turismofobia proliferaba en diferentes destinos turísticos y es que, gracias a Internet, la economía colaborativa (o la mal entendida economía colaborativa) y la gentrificación en las principales ciudades han provocado que desalojemos a los ciudadanos y poblemos los centros urbanos con turistas variados conseguidos a golpe de ratón inalámbrico.

Pero antes de los carteles en contra de los turistas no podemos olvidar esas imágenes de hordas de adolescentes invadiendo Benidorm o Salou, alcoholizados hasta límites insospechados (si Cook levantara la cabeza...) y montando numeritos subidos de tono hasta altas hora de la mañana. Pero la culpa no es solo de los jóvenes ingleses ni el problema es solo en los centros urbanos: la precariedad laboral, la construcción sin sentido destrozando el entorno, los residuos de todo tipo en los montes, ríos y fondos marinos, el consumo de los aviones dañando la capa de ozono, la mendicidad infantil para obtener alguna moneda en vez de ir al colegio por no olvidar la esclavitud de seres humanos destinados al lucrativo negocio del turismo sexual, entre otros muchos efectos.

Por estos motivos la OMT se compromete con la promoción del turismo sostenible que lo define como el turismo que tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas. Un sector de turismo sostenible promueve la preservación del medio ambiente y la protección del patrimonio cultural material e inmaterial, pero, lo que es más importante, promueve el compromiso y el respeto por lo local. Gestionar el creciente número de visitantes en muchas áreas de nuestro planeta es crucial tanto para los anfitriones como para los visitantes.

Garantizar que el turismo sea una experiencia enriquecedora exige prácticas y políticas de turismo sostenibles, así como la participación de gobiernos y administraciones nacionales, locales, empresas pero también de los turistas. Así que, desde el 2017 en adelante, viaja, disfruta y, sobre todo... ¡respeta!

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