Las vergüenzas de Facebook

Las tardías excusas del fundador de la red social no pueden ocultar la desprotección de sus usuarios

La masiva fuga de datos privados de usuarios de Facebook ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las redes sociales. Causa alarma la asombrosa facilidad con la que una empresa, Cambridge Analytica, ha accedido a los perfiles de millones de personas sin su consentimiento y ha explotado como arma de manipulación política lo que airean en esa plataforma sobre su carácter o sus gustos. El escándalo ha dejado al aire las vergüenzas del gigante tecnológico y evidenciado la desprotección de sus millones de usuarios. La multinacional ha convertido la venta a gran escala de datos personales en un floreciente negocio y no ha tenido escrúpulos en ser el vehículo para la masiva difusión de noticias falsas que contribuyeron a la llegada de Trump a la Casa Blanca o al triunfo del 'brexit'. El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, ha hecho autocrítica ante el Congreso de EE UU, donde se ha excusado por la filtración de datos, las 'fake news' y la «lenta» reacción ante la supuesta injerencia rusa en las elecciones de EE UU. La confesión de que su excesivo idealismo le impidió prever que la plataforma podría ser objeto de abuso y manipulación es una excusa demasiado torpe que demuestra una preocupante falta de control y casa mal con una compañía que vale 400.000 millones de dólares. Su tardío 'mea culpa' suena a campaña de marketing . Estamos ante un caso de flagrante vulneración de derechos, ante un ataque a la intimidad de millones de personas que no puede quedar sin respuesta. Es urgente reforzar los mecanismos y las leyes que regulan la protección de datos, y establecer límites claros a los que se pueden hacer públicos con fines comerciales. Además, parece conveniente incentivar la educación de los usuarios de las redes sociales para fomentar su utilización responsable y ayudarles a tomar conciencia de que lo que viertan en ellas no solo deja al descubierto parte de su intimidad, sino que puede ser vendido a terceros. Es el precio que pagan por la prestación de un servicio que, en contra de lo que parece, no es gratuito. La era digital aporta grandes ventajas a nuestra vida diaria, pero es insensato ignorar sus riesgos.

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