UNA LUZ VERDE

MANUEL ALCÁNTARA

Las cuentas del año 2018 no pueden salir redondas porque le salen cuadradas a quienes las hacen, por muchas trampas que hagan. La Unión Europea ha renunciado a legislar en contra de las noticias falsas, ya que repetirlas muchas veces las convierte en verdaderas. Según cálculos de mi dilecto amigo Juan Eslava Galán, un niño de 10 años ha visto más de 10.000 muertos en la tele y en el cine. Al parecer, eso descarga adrenalina y es bueno para todos porque esa es la droga que producimos nosotros, unos más y otros muchos más. ¿Será verdad que todos los males provienen de no saber quedarse en casa? No resulta creíble porque cada vez hay más manifestaciones y las calles están a rebosar hasta el cabo de la calle. Mientras, Rajoy se juega seguir en La Moncloa y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, presenta unos Presupuestos verdaderamente impresentables y Puigdemont le pide al Tribunal Supremo que se impute a los defensores de esa conducta, pero no a sus defendidos.

Lo único cierto es que los precios para alquilar una vivienda nunca han sido tan caros, pero siguen al alza. Lo peor, cuando las tarifas se disparan, es que siempre atinen con los mismos. No les falla la puntería, sino la vista. A los que no tienen nada les estamos llamando «clases desfavorecidas», mientras la burbuja de los alquileres tarda en explotar y grandes conjuntos de población, que no aguardan ningún favor, se cobijan en centros urbanos. «Ciudad grande, soledad grande», que decían los latinos, que nunca se acomodaron a vivir en la puñetera calle, pero, hasta que el poder adquisitivo de los sin casa no iguale al de los arrendadores, no le podemos arrendar el negocio a nadie. Salvo a los especuladores. Son más de los suficientes y sobran casi todos.

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