LA VERDAD DUDOSA

MANUEL ALCÁNTARA

Entre los planes del Gobierno figura, en primer término, acabar con la parcelación de nuestro idioma, que es la isla del tesoro, y dejarla sin guardianes. «Quien habla solo espera hablar con Dios un día», nos dejó dicho Antonio Machado, pero carece de interlocutores terrestres. Lo que planea el Gobierno es acabar con la educación sólo en catalán, que es un hermoso idioma, pero no lo hablamos todos, algunos para nuestra vergüenza, después de ir tantos años por Cataluña. Ya no se pide la paz y la palabra, como quería el gran Blas de Otero, sino que ambas cosas puedan caminar juntas sin estorbarse. El independentismo, que no es fácil de entender, lo está poniendo cada día más difícil y el ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, estudia fórmulas para hacer posible que las familias que quieran puedan elegir el castellano, que es el glorioso español que hablamos todos. El diccionario de la Real Academia Española lo define como el lenguaje que hablamos en común, a pesar de las parcelaciones.

Las ganas de no entenderse superan al número de los que queremos entendernos, aunque sea por señas, abandonando nuestro más rico patrimonio y se estudian fórmulas para garantizar que las familias que quieran puedan elegir el idioma español, que en tiempos se definió como castellano, como lengua vehicular. Si Gonzalo de Berceo levantara la cabeza, la volvería a esconder o se pondría un casco hasta las cejas. La fuerza centrífuga es superior a la unitiva y el Gobierno sigue estudiando la fórmula del pegamento. Lo que la Historia ha unido lo puede separar Puigdemont, que sigue manejando su mando a distancia, pero los vasos comunicantes están vacíos y el agua turbia del rencor fluye. Mientras, Soraya Sáenz de Santamaría nos advierte de la proliferación de noticias falsas. Si no se detienen, se convierten en verdaderas.

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