El vendaval del 155

El proceloso derribo de la autonomía catalana por parte de Rajoy corre el riesgo de contagio

MARGARITA SÁENZ-DÍEZ

Fue más contundente de lo imaginado: disolución de todo el Govern, los Mossos bajo el control del ministro del Interior y sin Trapero al frente, sustracción de buena parte de las competencias del Parlament (sede de la soberanía autonómica). El presidente Rajoy no podía haber llegado más lejos. El acuerdo de ayer del Consejo de Ministros supone la suspensión en toda regla de la autonomía de Cataluña, diseñada como referente territorial en la democracia concebida en la Constitución de 1978. Una decisión que puede modificar el conjunto del panorama político español porque en la práctica replantea la continuidad del Estado de las Autonomías.

Una decisión que podría salir muy cara a Mariano Rajoy ya que el PNV, su tabla de salvación en determinadas circunstancias, le ha dado sin miramientos la espalda. Mientras, en esta semana agónica que acabará el viernes tras el Pleno del Senado, no está en la agenda del equipo de Carles Puigdemont retirarse con el rabo entre piernas. En absoluto. La inminente declaración unilateral de Independecia no tiene fácil marcha atrás y la reacción del frente soberanista augura tensiones graves.

Pero el president de la Generalitat conserva todavía por unos días la posibilidad de disolver la Cámara catalana y de convocar elecciones autonómicas. Si no, será el Gobierno central, en su nueva función de gobernante de Cataluña, el que fije y controle las elecciones que allí se celebren dentro de unos meses.

Hasta ahora, la oposición en Cataluña reclamaba la convocatoria de elecciones ya, en un intento de desmontar la mayoría independentista que domina el Parlament, para que ésta dejara de hacer mangas y capirotes en su propio beneficio. Pretendían que la entente entre Esquerra Republicana, PDeCat y la CUP se deshiciera como el azucarillo en vaso de agua. Ese era el objetivo.

Pero el vendaval desatado con la propuesta de que el Senado aplique sin complejos el artículo 155 de la Constitución, puede cohesionar aún más el independentismo, así como activar entre los catalanes el rechazo hacia el inquilino de la Moncloa. Una parte importante de esa gran mayoría silenciosa opuesta a la independencia, es partidaria, según todos los sondeos, de que el futuro de Cataluña se dirima en todo caso votando en un marco legal.

El proceloso derribo de la autonomía catalana corre el riesgo de contagio. Y la dureza de la decisión tomada por Mariano Rajoy obliga a rescatar del desván que destacados constitucionalistas defendieron que con la vigente Carta Magna en la mano se podría haber transferido al Parlamento catalán la competencia de convocar un referéndum pactado en todos sus términos, compatible con otro artículo de la Constitución, el 150,2, que permite ese tipo de transferencias.

Pero ya es tarde. Demasiado tarde.

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