VALTONYC

PÍO GARCÍA

Escribo hoy de un tema incómodo pero crucial, que debo abordar sin tenerlas todas conmigo. Defiendo apasionadamente la libertad de expresión, aunque conozco bien sus límites: yo, periodista, no puedo escribir sin pruebas que usted es un asesino o un ladrón y tampoco puedo comenzar este artículo deseando que a usted, por caerme mal (quizá por ser judío, homosexual, negro, de Podemos o del PP), le metan en una cámara de gas y le abran la llave. Al rapero Valtonyc le acaban de ratificar la condena a tres años y medio de cárcel por pedir, entre otras cosas, que le peguen un tiro a Esperanza Aguirre, que dejen a su hijo vivir entre ratas, que metan a Bauzá, expresidente de Baleares, en una cámara de gas, que ahorquen a Felipe VI o que vuelen con una bomba a un empresario de su ciudad, Palma de Mallorca. El empresario, llámenlo tiquismiquis, se sintió molesto e inició el proceso judicial que acaba de finalizar tan ruidosamente.

Debo decir tres cosas:

1.- El tal Valtonyc me parece un nazi despreciable y sin talento. Un pobre hombre con el cerebro achicharrado por su propio rencor; un animal sin educación que confunde la crítica con el kalashnikov.

2.- Creo que la condena es excesiva, absurda y dañina, contraproducente. La Ley Mordaza, además de dejar temblando un bien tan frágil como la libertad de expresión, está consiguiendo el efecto contrario al que pretendía. El Código Penal no debería castigar la estupidez y quizá tampoco el odio (mientras no pase a mayores).

3.- Y una pregunta. Aquellos que han alzado a Valtonyc como icono de la libertad de expresión, ¿lo habrían defendido igual si hubiera pedido pegarle un tiro a Pablo Iglesias o a Ada Colau o a Oriol Junqueras? ¿También lo hubieran invitado a actuar en el Sónar?

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