El valor de las palabras

Cuando una decisión es personal, uno ha de asumir su responsabilidad también de forma personal. Socializar una decisión personal marca un peligroso precedente para los cargos públicos y obliga a los militantes a asumir una carga que no les corresponde

Irrumpimos en política señalando a la casta. Los políticos que efectuaban los duros recortes que han llevado a este país a estar a la cabeza en la desigualdad en el ranking de la UE, los que rescataron bancos mientras desahuciaban a familias, los que pactaban la reforma del artículo 135 de la Constitución para obligarnos a pagar la deuda por encima de todos nuestros derechos, no se sometían a sus propias políticas de austeridad.

Ellos gozaban de privilegios, no vivían como la mayoría de los ciudadanos, no sufrían como los demás. Salimos a la calle a decirles que no nos representaban y dijimos alto y claro que otra forma de hacer política era posible. He de decir, que todo ello no ha cambiado. En Podemos nos hemos mantenido fieles a nuestras promesas y nuestro programa y desde el día que pisamos las instituciones hemos defendido a la gente, hemos propuesto políticas por y para la gente.

Lamentablemente, hoy hay quien pone en duda que sigamos fieles a nuestros compromisos. En los últimos días, la decisión de Pablo Iglesias e Irene Montero de comprarse un chalet a las afueras de Madrid ha colapsado los medios informativos y ha puesto en duda su honestidad y coherencia. Desde mi punto de vista, la compra de ese chalet no cambia en nada nuestras políticas. Seguimos defendiendo cuestiones como el trabajo digno, los servicios públicos o en derecho a la vivienda. No obstante, se ha puesto en cuestión nuestro compromiso de vivir como la gente. En efecto, nosotros criticamos la forma de vida de la clase política y prometimos no solo hacer otras políticas, sino también hacer política de otra forma. Para ello nos limitamos nuestros sueldos, donando los excedentes al propio partido y a proyectos sociales; también impusimos un límite de mandatos y aseguramos que, concluido este, volveríamos a nuestras vidas anteriores evitando así hacer de la política una profesión o un modo de vida. La forma de vida de Iglesias y Montero ha cambiado, siendo objeto de acoso de algunos medios. Y esto es intolerable, sin lugar a dudas. Pero la compra de la vivienda en cuestión no solo afecta a sus vidas, afecta a nuestro discurso, a la promesa que hicimos a nuestros votantes de no cambiar nuestras formas de vida. Por eso no puedo apoyar su decisión. Desearía que hubiesen optado por una vivienda más modesta, una casa que no hubiese traído a nuestra organización a la situación en que hoy se encuentra. La consulta que hoy se hace en Podemos es un grave error. Las consultas a las bases deberían versar sobre cuestiones políticas de interés, no sobre temas personales. Cuando una decisión es personal, uno ha de asumir su responsabilidad también de forma personal. Socializar una decisión personal marca un peligroso precedente para los cargos públicos, al tiempo que obliga a los militantes a asumir una carga que no les corresponde. Además, en el clima generado les pone en la difícil situación de tener que aplicar un castigo duro a las mismas personas a quienes elegimos para dirigir la organización.

Asuman ustedes, militantes, el cargo de conciencia. Pero a la par, esta consulta incluye una cuestión de suma importancia más allá de la continuidad de Iglesias y Montero: ¿queremos abandonar nuestra forma de hacer política, nuestra limitación salarial y nuestras renuncias?

De hacerlo, nos pareceríamos un poco más a aquello que vinimos a combatir. Pero, si apoyamos su continuidad, nos sitúa en una contradicción. Evidentemente, votar sí a la consulta significa renunciar a una parte de nuestra esencia. Podremos seguir defendiendo iniciativas para mejorar la vida de la gente, pero no desde la posición inicial en la que simplemente éramos uno más de entre aquellos a los que representamos. Pero, sobre todo, las obligaciones que los cargos públicos tenemos han sido adquiridas con los votantes, y por tanto con el total de la ciudadanía, no con las bases de Podemos.

Fuimos nosotros mismos quienes dijimos que las personas que estamos en las instituciones representando políticamente a una mayoría social que está pasando por serias dificultades deberíamos ser ejemplares en nuestras conductas, y desde luego veo muy difícil luchar por la clase trabajadora si te alejas de ella.

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