Vacaciones y desconexión digital

Vacaciones y desconexión digital

«Resulta imprescindible olvidarse durante un periodo más o menos continuado de las obligaciones laborales diarias y disfrutar del tiempo de descanso. Hasta los propios empresarios estarán de acuerdo con ello»

No puede uno sino sorprenderse de algunas afirmaciones que oye diariamente en los medios de comunicación por parte de muchos representantes políticos, en especial de aquellos que suelen, o mejor dicho, deberían, ser un referente para la gran mayoría de la sociedad.

La semana pasada, por primera vez, un convenio colectivo establecía expresamente en su articulado el derecho a la desconexión digital por parte de los trabajadores de la empresa en su periodo de vacaciones. Para ser sincero, no soy muy partidario de llevar al extremo la desconexión total, al menos en aquellos trabajos con cierta dosis de responsabilidad, donde creo que podemos y debemos dedicar diez minutos diarios -eso sí, solo diez- y aunque sea durante las vacaciones, a atender obligaciones inaplazables de nuestra empresa u organización.

Vaya por delante una aclaración previa: resulta imprescindible olvidarse durante un periodo más o menos continuado de las obligaciones laborales diarias y disfrutar del bien merecido tiempo de descanso. Es más, hasta los propios empresarios, en aras a recuperar fuerzas para continuar de la manera más eficaz y productiva posible en el trabajo, estarán de acuerdo en ello.

En cualquier caso, creo que es justo reconocer que este derecho a la desconexión del trabajo debe entenderse como una nueva conquista laboral, como en su día lo fueron la jornada laboral de 40 horas, o incluso las propias vacaciones.

Y cuando el mundo del trabajo se encuentra en esta fase de discusión, valorando si son compatibles las obligaciones laborales con el derecho a descansar, va la presidenta de la Comunidad de Madrid y se descuelga afirmando que este año, voluntariamente, renuncia a sus vacaciones.

Después de escuchar ojiplático estas declaraciones, me han asaltado varias ideas. La primera, cómo puede mandar semejante mensaje y seguir autodenominándose 'la baronesa roja del PP'. No quiero ni pensar lo que hubieran dicho públicamente los que son más bien azules, espero que no planteen volver a la plaza del pueblo para contratar a los obreros cada día.

También me ha venido a la memoria aquella afirmación en boca de la actual secretaria general del PP y Ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, cuando aseguraba que su partido era el partido de los trabajadores. Entonces, ¿qué demonios plantearán los partidos de los empresarios, que supongo que serán Podemos o Ciudadanos, o quizás mi tan querido PSOE? Lo cierto es que el cinismo no parece tomarse vacaciones en el PP.

Pero quizás, y volviendo a la presidenta de la Comunidad de Madrid y sus vacaciones, puede que lo que le ocurra a Cifuentes es que no se las ha merecido; que le ha ocurrido lo que a muchos malos estudiantes: que cuando no hacen nada a lo largo de todo el año escolar, tienen que dedicar el verano a estudiar para poder recuperar en septiembre los suspensos del año.

Por si lo ha olvidado, la mayoría de los trabajadores esperamos las vacaciones como agua de mayo para en lo posible disfrutar de los nuestros, de las aficiones, de la familia, viajando si es posible algunos días a la playa o a la montaña, porque eso nos permitirá coger fuerzas para encarar el próximo año.

Hablo en primera persona si digo que renunciar a mis días de descanso supondría uno de mis mayores sacrificios, tanto así que ni siquiera mi propia familia sería capaz de perdonármelo. Y eso yo, alguien que tiene la suerte de trabajar en lo que le gusta, que no tiene un trabajo precario, que sus obligaciones no requieren esfuerzo físico. Así que no puedo imaginar hacer renunciar de su descanso a un obrero de la construcción, del metal, del campo o del mar.

Y sobre todo, me gustaría recordar a los miles de trabajadores para los que las vacaciones ni siquiera son una opción discutible. Unos porque si habitualmente consiguen llegar a duras penas a fin de mes con salarios de miseria, difícilmente podrán destinar una parte de su economía a irse de vacaciones. Y otros, porque se ven obligados a buscar empleos que complementen su precaria economía familiar para poder cubrir sus necesidades más básicas.

Así que por todo ello, me gustaría invitar a la presidenta de Madrid a que si ha decidido trabajar este verano, lo haga en silencio, sin frivolizar, sin hacer demagogia, no vaya a ser que siente cátedra. Es más, si le puedo pedir algo más, no haga nada, no «trabaje», no vaya a ser que alguna de sus iniciativas empobrezcan aún más si cabe a la clase trabajadora. Permanezca en su despacho, con su aire acondicionado, en ese Madrid abrasador del verano, que los demás, si no le importa, disfrutaremos de nuestras más que merecidas vacaciones.

¡Buen verano, señora presidenta!

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