La Unión Europea y el glifosato

ALONSO CHÁVARRI

Desde hace años, venimos observando cómo disminuyen las aves del campo, a ráfagas, de repente, y cómo, a veces, coinciden estas disminuciones con la presencia de algún nuevo veneno agrícola del que, también a veces, luego es prohibida su utilización. Siempre me ha sorprendido esa política de prohibir los productos cuando se comprueba su efecto negativo en la salud o en el medio ambiente en vez de no permitir su uso hasta que esté comprobada su inocuidad. Es como si el dinero estuviera, en estos asuntos, por delante de la salud. Se puede especular mucho con los motivos por los que se sigue esta política con herbicidas, venenos agrícolas y similares, pero muchos estamos convencidos de que no se está cuidando la salud de los consumidores como sería deseable.

Hacía tiempo que se estaba hablando mucho del glifosato -por lo visto es una sustancia que contienen los herbicidas de última generación-, al que la Agencia de Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud ha calificado como cancerígeno; esto, por sí mismo, debería ser suficiente para prohibir su uso, pero, por lo visto, no lo es y ha sido necesario hacer una votación entre los veintiocho países de la Unión Europea para saber si se permite su utilización. Lo curioso es que ha habido un largo debate, sobre si esta sustancia debía ser permitida o no; parece ser que otras agencias de la Unión Europea, no sé cuáles, han llevado la contraria a la Agencia de Investigación sobre el Cáncer de la OMS, lo cual es bien raro.

En principio, no creo que la OMS tenga ningún interés espurio en prohibir el glifosato, y yo me fío de su afirmación de que este producto es cancerígeno en humanos; ¿me puedo fiar de las agencias que opinan lo contrario?, ¿qué agencias son y quiénes las financian? En cualquier caso, lo sorprendente es que dieciocho países han votado por renovar la licencia al glifosato por otros cinco años y solamente nueve pidieron su prohibición, uno se abstuvo, con lo cual seguiremos teniendo glifosato, al menos hasta 2022.

Me parece una temeridad, teniendo en cuenta todas estas circunstancias, que se solucione el problema en una votación con resultado de 18 a 9. Estas decisiones han de ser unánimes y con absoluto convencimiento de que no corre peligro la salud de los consumidores de verduras tratadas con glifosato. No puedo ni quiero ni debo pensar en presiones o influencias extrañas para que se dé esta votación, pero llueve sobre mojado con el tema de si son peligrosos los herbicidas y los plaguicidas. Hace tiempo que yo no compro verduras; las cultivo en mi huerta. Sin glifosatos ni nitratos ni herbicidas ni plaguicidas. Tal vez produzcan menos o se estropeen más, pero vivo más tranquilo. Porque de los que deberían velar por nuestra salud en estos temas, aunque tal vez sea yo el equivocado, ya no me fío.

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