Unidos a la fuerza

Iglesias reduce toda discrepancia interna a ambiciones ajenas a los deseos de los votantes de Podemos que él encarnaría

La crisis desatada en Podemos tras la difusión de un documento atribuido a Carolina Bescansa, que promovía una alternativa orientada a modificar los equilibrios de poder interno en detrimento de Pablo Iglesias y de la corriente Anticapitalista en Madrid, se reveló ayer como un acicate para alcanzar un «acuerdo de unidad». Lo sellaron el crítico Íñigo Errejón y la dirección regional del partido, y fue bendecido por Iglesias, quien se atribuyó la misión de «cuidar de Podemos». A falta de que otros sectores de la formación se pronuncien sobre una fórmula de unidad que ayer no ofreció más detalles, la entente entre Íñigo Errejón y Ramón Espinar responde a la llamada realizada por Iglesias para unir fuerzas con el objetivo de ganar. Pero, sobre todo, con el objetivo de «echar al PP» del Gobierno autonómico primero y, después, del Gobierno del país. La más grave de las crisis padecidas por la fuerza que se anunciaba emergente -gravedad debida al momento político- se convirtió ayer en plataforma de lanzamiento de un Podemos reunificado, conjurado para hacer frente a los próximos desafíos electorales. Poco más de un año después de que Iglesias revalidara su liderazgo en Vistalegre 2, la crisis le permitió ayer personarse como el pastor que cuida de su rebaño. En un momento de estancamiento a la baja de las expectativas electorales de Podemos, con su acuerdo de unidad trata de batirse cuerpo a cuerpo con el PSOE. De ser Podemos el apoyo imprescindible para que la moción de censura socialista contra Cristina Cifuentes tuviera visos de salir adelante, con la anuencia final de Ciudadanos, es muy probable que a la formación de Iglesias tampoco le importe que el PP orille en el último momento a la actual presidenta para continuar al frente de la comunidad con una persona que cuente con el apoyo del partido de Rivera. Ayer se impuso el Iglesias más pragmático, que recurre al vértigo que entre sus seguidores genera un vacío de dirigencia. El líder que apela a las bases para descartar disidencias que empañen el escrutinio electoral. El acuerdo de unidad escenificado es, para Podemos, un medio que busca «ganar en Madrid y en España». Más bien, un medio que busca obtener los mejores resultados frente al PSOE. Ninguna ambición personal puede ensombrecer los designios de Iglesias. En otras palabras, el liderazgo de Iglesias se basa en la presunción de que toda discrepancia obedece a ambiciones ajenas a los deseos de los cinco millones de votantes de Podemos que él encarnaría.

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