Lo mío es mío y lo tuyo, ya veremos

ALONSO CHÁVARRI

Que para los nacionalismos no existe casi nada que no sea su ombligo lo habíamos sospechado siempre, pero teníamos la esperanza, y así lo parecía, de que, con el tiempo, fuesen entrando en la senda de la solidaridad con las demás regiones y en el camino de la sana y fructífera colaboración. Parece que era un espejismo; o quizá es que necesitan dar una de cal y otra de arena para que no parezca que pierden sus sacrosantos y arcaicos ideales.

La relación de Euskadi con La Rioja siempre ha participado de esta singular manera de entender la colaboración, de ese de ese como vemos en lo referente al vino y la denominación de origen. En Euskadi deberían poner un monumento a los riojanos por poder vender vino de Rioja sin pertenecer a la comunidad de La Rioja, pero andan tirando piedras -en realidad a su propio tejado- e intentando formas de separación y de señalar que, además de Rioja, el vino que se produce en Euskadi -entiéndase Rioja Alavesa- es más especial que el nuestro y ha de tener un sello diferencial. ¡Lo que hay que oír y qué trabajos nos manda el Señor!

Los perjuicios que tradicionalmente han causado los regímenes fiscales especiales de Euskadi y Navarra -los que provienen de los llamados Fueros que Franco respetó como premio a la participación en sus filas de navarros y alaveses y que no dejan de ser un monumento a la desigualdad, aunque no parecen molestar a quienes tanto empeño ponen en eliminar los residuos franquistas- han sido enormes, pues muchas empresas han cruzado el Ebro para beneficiarse de la fiscalidad de la orilla izquierda. Mas nada parece ser suficiente para la voracidad de nuestros vecinos del norte. Ahora que La Rioja pide el AVE Logroño-Miranda -apenas 50 kilómetros de alta velocidad, en una región en la que ir a Madrid en tren es una aventura-, el País Vasco dice que la conexión de la 'Y' vasca con el corredor mediterráneo no debe ser por La Rioja sino por Navarra. Sí, el egoísmo de nuestros amigos del norte parece no tener límites y es una lástima, porque son los vecinos con quienes más identificados nos hemos sentido siempre, por costumbres, afinidad, etc... y por relaciones familiares.

Tal vez el hombre sea egoísta por naturaleza y el político más, quizá por obligación, pero no estaría de más tener un poco de sensatez y repartir las vacas gordas, cuando las hay, pues creo que todos tenemos derecho a ser iguales. Digo yo. Aunque unos sean más iguales que otros.

Como estamos en Navidad, quiero acabar con el estribillo de un villancico que me enseñó mi bisabuela, que dice: «Anda y dile que entre, se calentará,/ porque en este mundo ya no hay caridad/ y el que la tiene no la quiere dar».

Felices navidades a todos.

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