Turismo con morbo

Si en Sicilia quieren vivir unas horas disfrutando de algo insólito no dejen de visitar Corleone

DIEGO CARCEDO

Sicilia se ha puesto de moda como destino turístico, cosa bastante lógica si se tiene en cuenta su proximidad, se consideran los precios accesibles de su hostelería y se valora la originalidad y diversidad de sus lugares de interés histórico y cultural, como Taormina, además sus atractivos lúdicos, que empiezan por sus playas. Personalmente siempre recomiendo a mis amigos que en Sicilia, si quieren vivir unas horas disfrutando por añadidura de un morbo insólito, no dejen de visitar Corleone y meterse de lleno en el escenario principal de la mafia.

La mafia está presente en toda la isla de muy diferentes formas y en cualquier lugar es normal encontrarse historias de asesinatos o vivir de cerca la admiración que Luciano sigue despertando entre los jóvenes de su pueblo. Pero Corleone, aunque con el turismo impulsado por la novela de Mario Puzo ya no es lo que era, todavía sigue siendo un mundo aparte. Es fácil llegar, a menos de una hora de Palermo en coche, atravesando campos de cereal y paisajes monótonos donde el forastero siempre es contemplado con desconfianza.

La mafia es más que asesinatos y vendetas, es una cultura infiltrada en lo más hondo de la sociedad siciliana y la ley del silencio, del no oír ni ver pero sí callar, sigue vigente. Corleone es una pequeña ciudad lúgubre, donde las contraventanas de las casas permanecen cerradas todo el día, donde cuando preguntas por una dirección el interrogado acelera el paso para desaparecer tras la próxima esquina y donde el camarero que te prepara el café en el bar de la plaza te mira más de reojo que a la taza que empieza a rebosar.

Algunos años, Corleone registró el mayor índice de asesinatos del mundo y continúa siendo el lugar donde menos delitos de sangre se esclarecen. Estos días ha muerto en prisión uno de los capos más famosos y sanguinarios de los últimos tiempos, Salvatora Toto Riina, a quien se atribuyen 150 víctimas. El cuartel de carabineros es un bunker donde los oficiales atienden al visitante con cordialidad y, aunque reconocen que últimamente la mafia tira menos de lupara, sigue ejerciendo su influencia e imponiendo sus normas en la vida pública y los negocios gracias a convivir en una sociedad donde todos lo saben todo pero nunca reconocen nada. Entre los pocos atractivos que Corleone ofrece, el morbo que sólo el nombre del pueblo despierta se vuelve más estremecedor en el cementerio. Está muy limitada la entrada, yo lo hice clandestinamente hace unos años sobornando al sepulturero que me acompañó en un recorrido entre las filas de panteones donde reposan y compiten en ostentación arquitectónica los restos de las víctimas de la mafia, de los asesinos de las víctimas y de sus asesinos en un enredo encadenado de muerte aterrador. En Corleone la seguridad para el visitante es completa -la vigilancia invisible no permitirá el escándalo gratuito de un forastero muerto- pero enseguida salta a la vista que nunca es bienvenido.

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