Tuberías en mal estado

Los problemas de Santo Domingo de La Calzada con la conducción de agua potable son recurrentes y sangrantes. Las tuberías calceatenses, construidas con fibrocemento, datan de los años setenta y han sobrepasado ya de largo su vida útil. Las sucesivas roturas, además de un molesto contratiempo para los vecinos afectados, exigen soluciones que vayan más allá de las inexcusables reparaciones de urgencia. La situación resulta acuciante en Santo Domingo, pero es común en toda La Rioja: según los datos oficiales, la comunidad autónoma pierde cada lustro por fugas y roturas en la red el agua suficiente como para llenar el embalse de Pajares. De los 27,4 hectómetros cúbicos que se suministran al año a la red, siete se pierden por el camino. Una cifra insultante en un país seco, con dificultades periódicas de abastecimiento. Resulta, por lo tanto, imperioso plantearse una renovación completa de las conducciones más deterioradas; una operación muy costosa, que suele exceder las capacidades económicas de los ayuntamientos, que, además, a veces son renuentes a destinar tanto dinero a obras de escaso lucimiento. Quizá por eso sea conveniente lanzar un plan de ámbito supramunicipal y finalista que brinde soporte financiero para resolver de una vez por todas un problema tan lacerante.

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