Trump y Putin se dan la mano

La interferencia de Rusia en las elecciones de Estados Unidos condiciona las relaciones bilaterales

Los observadores políticos del mundo entero debieron conformarse ayer con la fotografía del primer apretón de manos de los presidentes Trump y Putin, protagonistas y responsables de una crisis bilateral entre las dos superpotencias adobada por el carácter peculiar de ambos. Trump, aparentemente incapaz de acomodarse a los usos diplomáticos, deja la gestión ordinaria de los asuntos a su secretario de Estado, el sobrio Rex Tillerson, y se reserva para la política de gestos, salidas de tono, exabruptos y cambios de humor que le han hecho famoso. Ayer, su encuentro con Putin resultó breve, cómodo y convencional para los hábitos del presidente norteamericano. Ambos esbozaron algo parecido a una sonrisa y... eso fue todo. Pero esta conducta llega en un momento crucial de la relación bilateral, fuertemente dañada por lo que fue la segura interferencia de Rusia en la campaña electoral de los Estados Unidos. La conducta del presidente desde entonces ha ido cambiando lentamente y de una agresiva y personal gestión del problema ha ido acomodándose a lo que podría ser una conclusión general basada en que la interferencia rusa en la campaña electoral, ya universalmente tenida por cierta, fue una decisión autónoma del Kremlin a la que él fue por completo ajeno. Esta autoabsolución, para ser del todo creíble, debe ser reforzada con una política de gestos duros hacia Rusia y eso es lo que hace ahora Washington. En efecto, se advierte un endurecimiento norteamericano en áreas críticas, singularmente en Oriente Medio y el Pacífico, y el propio presidente está haciendo declaraciones de fuerte denuncia de la conducta rusa en Ucrania, en relación con Irán y en la gravísima crisis en Siria. Registran, en cambio, una razonable posición común sobre la conducta norcoreana y sus ensayos balísticos. La foto del encuentro de ambos refleja esta ambivalente relación y parece claro que Trump se ha acomodado a los prudentes consejos de sus asesores, que le recomendaron un perfil bajo, una prestación convencional y una ausencia completa de tonos amenazantes o provocaciones con la marca de la casa.

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