Trump e Israel

Tras su éxito de 1967 en la Guerra de los Seis Días, el Gobierno israelí derogó por su cuenta el estatus de Jerusalén, dividida en dos mitades -palestina una y judía la otra-, y la declaró capital eterna y reunificada del Estado de Israel. Ni un solo país aceptó esa medida. Por tanto ,todos los estados que reconocen a Israel abrieron sus embajadas en Tel-Aviv. Hasta que ayer Donald Trump reconoció a Jerusalén como su legítima capital y anunció el traslado sin fecha a esa ciudad de la representación diplomática de EE UU. Una decisión de alto riesgo que quiebra décadas de política exterior de Estados Unidos, y que amenaza con alentar una oleada de violencia y dar la puntilla definitiva al agonizante proceso de paz entre israelíes y palestinos. El movimiento de Trump es rechazado por las principales potencias de la zona, por la UE y por sectores de sociedad israelí que apuestan por una solución pactada desde la legalidad internacionalmente sostenida. Ni un solo país seguirá esa senda, lo que ahorra comentarios sobre un gesto de extrema imprudencia en un polvorín.

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