El tren te pone en el mapa

No fueron pocas las voces que en la Transición cuestionaron la conveniencia de que La Rioja se constituyese como comunidad autónoma uniprovincial. Hoy, son muchas menos las que la cuestionan y parece mayoritariamente aceptado que aquella decisión, que recibió un impulso mucho más vigoroso y determinante de la calle que de los despachos de los políticos, sirvió para situar a esta región en el mapa de la España del siglo XX, de la España democrática, de la España que llamaba a Europa y al futuro con ilusión y ambición. Salvando todas las distancias y respetando la importancia de aquel momento histórico que felizmente se resolvió a favor del interés del pueblo, la reivindicación de una infraestructura ferroviaria de altas prestaciones tiene hoy visos de una trascendencia semejante. El futuro de los transportes terrestres de personas y mercancías pasa en el medio plazo por el ferrocarril. La estrategia europea así lo determina. Y España no es ajena a ese empeño, como no puede ser de otra forma. El silogismo, aunque simple, es incontrovertible: si el futuro viaja en tren y La Rioja no tiene ferrocarril, no es que el futuro vaya a pasar de largo, es que el futuro no llegará. O lo hará con un retraso insalvable. Esta vez es el tren el que debe poner a La Rioja en el mapa.

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