La transversalidad del PSC

Puede ser una buena receta para recuperar la convivencia, reconstruir la confianza y reanudar el progreso en un marco de serenidad

El líder del PSC, Miquel Iceta, resume en dos premisas su posición respecto a la gestión de los resultados de las elecciones autonómicas del 21-D: aceptará «los apoyos que vengan para sacar a Cataluña del atolladero» y no apoyará la opción de nadie que tenga un proyecto independentista. Iceta piensa, y lo ha manifestado reiteradamente, que para avanzar hacia la solución del conflicto catalán hay que huir de las políticas de bloques. Y, con ánimo de iniciar una síntesis, ha abierto el partido a varios sectores del clásico catalanismo político, que fue fecundo cuando era herramienta integradora. A tal fin, Iceta lleva en sus listas a representantes de Unió Democràtica de Catalunya (Espadaler) -Duran i Lleida ha comprometido ya su voto- y a personas que entroncan con el antiguo PSUC, como Jiménez Villarejo, que ha salido de Podemos para recalar en el moderado socialismo catalán, despojado de una vez de los flecos nacionalistas que lo desnaturalizaban. El candidato socialista dice confiar en que, después del perjuicio causado por el 'procés' a Cataluña, haya sectores del soberanismo que estén dispuestos a ensayar otras vías de avance que no vuelvan recurrentemente a reclamar la independencia. Y está pensando evidentemente en algunas corrientes del PDeCAT, la antigua Convergència; el oficialismo ha borrado literalmente de la foto a Santi Vila, pero es evidente que una parte de la militancia y del electorado fiel esta opción coincide ideológicamente con el conseller disidente. Falta un mes para las elecciones y en este tiempo se producirán nuevas y más explícitas alineaciones ideológicas. El hecho de que haya candidatos encarcelados y en el 'exilio' distorsiona relativamente los pronósticos, pero los demógrafos sostienen que los dos teóricos bloques, el soberanista y el autonomista, no están muy distanciados. En esta situación, si hay sectores que sugieren volver a las andadas, el frentismo a favor y en contra será inevitable. Pero si la moderación gana terreno y nadie cuestiona las reglas de juego y el campo en que ha de jugarse el partido, la transversalidad puede ser una buena receta para recuperar la convivencia, reconstruir la confianza y reanudar el progreso en un marco de serenidad y concordia.

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