El trabajo decente desde la perspectiva de género

«El sector de las trabajadoras domésticas es el único sin derecho a prestación por desempleo y que cuenta, además, con la figura del despido por desestimiento: el patrón puede prescindir de sus servicios sin explicación alguna»

Desde hace años se viene considerando el 7 de octubre como Día Internacional del Trabajo Decente con el objetivo de reivindicar un trabajo decente para todas y todos. Concretamente, la primera referencia al trabajo decente como concepto la encontramos en la memoria de la Organización Internacional del Trabajo, con ocasión de su 87ª reunión celebrada en Ginebra en 1999.

Su concepción fue formulada como una manera de identificar las prioridades de la OIT, basándose en el reconocimiento de que el trabajo es fuente de dignidad humana, de estabilidad familiar, de seguridad laboral, de fomento de la integración, de paz en la comunidad, de la realización de aspiraciones personales de la vida cotidiana y de solidaridad con otros.

El término trabajo tiene un sentido más amplio que empleo u ocupación e incide en una idea más completa de la participación en la economía y la comunidad. No solo abarca el empleo asalariado, sino también el autoempleo y el trabajo en casa, toda la gama de actividades de la economía informal de los cuidados y las tareas domésticas.

Es por ello necesario que reflexionemos desde la perspectiva de género sobre qué es y qué no un trabajo decente. Empecemos por hacernos las siguientes preguntas: ¿Cuántas trabajadoras domésticas conocemos? ¿Cuántas de ellas tienen contrato legal? ¿Sabemos de las dolencias que sufren por su trabajo? ¿Nos hemos parado a pensar cómo se realiza la prevención de riesgos laborales cuando el lugar de trabajo es una casa particular?

Vayamos ahora con los datos. En este sector trabajan, según la Encuesta de Población Activa del 2016, 630.000 personas, el 90% de ellas mujeres y siendo un 30% de ese trabajo en negro. Es el único sector sin derecho a prestación por desempleo y que cuenta, además, con la figura del despido por desistimiento. Según esto, el patrón puede prescindir de sus servicios sin explicación alguna. Por último, tampoco se cuenta con enfermedades laborales reconocidas aunque existe un riesgo de asma, bronquitis, tendinitis o lumbalgia.

Es bueno, como se ha señalado al principio, hacernos estas preguntas sobre este colectivo que tenemos tan cerca pero tan oculto. Y es que los problemas obreros tienden a ocultarse, ocurriendo así que lo que no se ve, parece que no existe.

Desde Cambia Logroño, analizando esta situación que afecta a tantas trabajadoras, hemos llegado a algunas conclusiones. Se trata de una profesión muy identificada con la sujeción de las clases populares respecto a las pudientes, la feminización es prácticamente absoluta y el trabajo es desarrollado en su mayoría por población extranjera. Al ser una labor en casas particulares, se produce una invisibilización en cuanto al circuito laboral estándar, lo cual además se enmascara con el uso del lenguaje.

Después de esta reflexión, ¿hay alguien que crea que esto es un empleo decente, digno y con derechos para la gran mayoría de mujeres que conforman este colectivo?

Todo esto sería más fácil de abordar si el Estado español ratificara el Convenio 189 sobre el Trabajo Decente para las Trabajadoras Domésticas de la Organización Internacional del Trabajo, el cual se aprobó el 16 de junio de 2011 y entró en vigor en septiembre de 2013 con un ámbito de aplicación internacional. En él se obliga a que este gremio tenga las mismas prestaciones que cualquier otro. Sin embargo, el Gobierno del Partido Popular desoye a la Unión Europea y demuestra su inexistencia de voluntad para ratificarlo.

Cabe recordar que la diputada del PP Carmen Álvarez Arenas, a instancias de los grupos parlamentarios que una y otra vez han requerido al Gobierno que se adhiriera a este convenio, apunta a dificultades como que el derecho a prestación por desempleo incrementa los costes salariales para el empleador y el empleado. A ello, el director de la oficina de la OIT, Joaquín Nieto, ha contestado que las dificultades no justifican que las trabajadoras domésticas no tengan los mismos derechos que el resto de trabajadoras.

Como conclusión, señalar finalmente que lo que reviste de dignidad este trabajo, mayormente femenino tal y como se ha expuesto anteriormente, es la persona que lo realiza. Por lo tanto, dotémosle de derechos para hacerlo decente.

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