Un tonto motivado

CHAPU APAOLAZA

La cima de la pirámide de Maslow queda en el 13 Rue del percebe. La escala evolutiva de las necesidades del hombre está dando algunas sorpresas: primero se trataba de sobrevivir, reproducirse, alimentar una comunidad, crear una familia, adquirir bienes, realizarse -¿se acuerdan?-, y después vino el teléfono, el wifi y ahora lo último es hacer cosas. Cuanto más evolucionado, el hombre es más bobo. La tendencia es estar metido en todos los saraos, ser parte. En hacer cosas, da igual si tienen sentido o no. Hay un tiempo en la línea vital del hombre en la que alguien, de vez en cuando, se para a pensar. De pronto, el labrador dedica su tiempo al trabajo y a la observación sencilla de cómo les crece el pelo a sus mazorcas, de cómo se suceden atardeceres y amaneceres y de cómo, por ejemplo, la aparición de los caracoles y gusanos precede a la lluvia ligera, nunca torrencial. Así alcanza un trance de observación sincera, calmada, sin pretensiones de explicarse a sí mismo constantemente. Ese es un momento para sentirse pequeño, limitado, un instante en el que los escritores dedican su voluntad a contar la forma y textura que tiene una naranja y Alejo Carpentier dibuja en cómo el amo «orina magistralmente, con chorro certero, abundoso y percutiente, en una bacinilla de plata, cuyo fondo se ornaba de un malicioso ojo de plata, pronto cegado por una espuma que de tanto reflejar la plata acababa por parecer plateada». Y de pronto, por la mañana, Macarena mira al infinito sobre las magdalenas del desayuno y suelta su pregunta como un torpedo ruso: «Papá, ¿para qué sirve el cuerpo?».

Hay un tiempo en el que una gente piensa y por tanto, pregunta a los demás qué piensa de algo. Ahora se pregunta qué hace. Hay que hacer, cualquier cosa: ser trending topic, firmar en contra del Toro de la Vega, independizarse de la UE, crear un estado de pret-a-porter en Cataluña, partir pueblos, reformar solares, recoger firmas sobre cualquier cosa, aprender punto. Hacer, rehacer, demostrar que se puede, reinventar lo que sea, vale, sí se puede, pero ¿para qué? Lo de menos es que sea una buena idea. Parte de la población vive instalada en un adanismo extenuante basado en la pirueta. ¿Puede Inglaterra vivir sin la UE y Cataluña fuera de España? Probablemente, pero ¿tiene sentido? Cuando nos convencieron de podíamos cambiar el mundo; quizás lo tomamos demasiado al pie de la letra.

Rufián y la impresora. Apunta mi adorado Jorge Medina que hay pocas cosas peores que un tonto motivado. O tal vez todo responda al impulso secreto de la aventura, de vivir algo, una fantasía, un error incluso, cualquier cosa que vaya más allá de una vida insoportablemente llana. José Antonio Montano, que es a Amarna Miller lo que Arévalo a Marlène Morreau, tiene mejor gusto con los libros que con las mujeres. Por cierto, ya es hora de que Arévalo triunfe. La cosa es que Montano rescató hace un tiempo una historieta magnífica de Piglia. Un tipo con la cabeza perdida agarra a un hombre que pasa por allí y le planta una pistola en la sien con el firme propósito de saltarle la tapa de los sesos. Un tiempo después, y sin motivo alguno, lo suelta, guarda la pistola y pide perdón al público espantado. El secuestrado se abraza a un amigo con alivio y alegría: «¿No es maravilloso? Por fin me ha sucedido algo». Ojalá hacer menos y pensar más.

Fotos

Vídeos