Todo tirao

BERNARDO SÁNCHEZ

El se ha notado este año por demás. Tú cogías el periódico el viernes y todo estaba como muy rebajado en su coste habitual. Cosas que hace nada nos habían salido por un pastizal ahora valían un tanto por ciento bastante menor. ¡Lo que nos podíamos haber ahorrado antes! Por ejemplo, el separatismo catalán, literalmente prohibitivo hasta hace unas semanas (tanto, que también ha trascendido que tuvo que pagarse una parte en , una divisa fuera del mundo real); ahora sus principales representantes han disminuido en mucho el valor del producto, rebajando prácticamente en un 100% su resistencia al artículo 155 y a la Constitución; reduciendo a un precio simbólico la independencia, sin duda su producto estrella en esta última temporada; y sacando al lo que desde hace meses venían vendiendo como 'desconexión', 'transitoriedad' y 'unilateralidad'; artículos que eran considerados no de primera necesidad, sino de lujo (con un escaparatismo muy lucido, de muchos), pero que el -ese día en que descubrimos, una de dos, o que el capitalismo nos engaña ese día o nos engaña el resto de los 364- ha justipreciado a una cantidad meramente simbólico-política. Al alcance de cualquier bolsillo. Con opción a regateo. No me atrevo a dar porcentajes concretos en esta transacción porque no sé cómo se calculan estos valores, pero la cosa lleva camino de la liquidación por traspaso de negocio. Incluso Puigdemont -que no ha rebajado su tupé- sí ha recortado, en cambio, su flequillo; dejando bien a la vista lo que ya nos suponíamos: que todo era una cortina de pelo. El franquismo -que eso sí se pagó muy caro, el original- también se vende estos días muy barato. El franquismo, en el que hubo tantos muertos de verdad, no los que ahora se inventan Marta Rovira y otros, con un sexto sentido de película -«A veces, veo muertos»-, se vende como una franquicia, como un sucedáneo, como un para embaucar a eurodiputados extranjeros y a turistas. Este lunes, sin ir más lejos, en la Eurocámara, ponentes de ERC, Bildu, BNG y Compromís disertaban sobre el «Franquismo tras Franco, continuidad y continuación institucional». Qué tupé. Todo este en Bruselas está en la línea de la cárcel de juguete que han montado en Vic, para solaz de grandes y pequeños. La idea que los niños y adolescentes de Vic se hacen del franquismo es la de un parque temático, que se puede plantar en la Plaza para la , como el toro mecánico y la cama elástica. Y que es la caña ser preso político, y que mola cantar lo de 'La estaca' (de sus padres y abuelos) con la pantalla del móvil. Y que los Jordis son el dúo dinámico de la libertad de expresión. El exilio también está que lo tiran. Todos los estudiantes de Vic se van a pedir un Erasmus de exiliado, en Bruselas. Y porque a Puigdemont no le falta -porque tiene, seguro, para pagarse unas - pero si no ya podría sacarse unas pelillas en Grand-Place haciendo la estatua de del en el exilio, como otros hacen el motorista o Bob Esponja. Lo que pasa es que, tras el recorte, tendría que comprarse una peluca de Puigdemont. En fin, que está todo como bajo, cuando no por los suelos. No es que lo diga yo; ahí están los datos objetivos: va menos gente a los conciertos de Isabel Pantoja tras su paso por la cárcel de Alcalá de Guadaíra (aviso para navegantes); le quieren sacar una hija ilegítima a Manolo Escobar (no escarmentados con cómo acabó el contra Dalí); en Archidona se ha vuelto a montar, con perdón, otro cipote (¡anda que también!... el Ministerio de Interior, con otra cárcel de pega) y Messi, que en el momento de escribir esta líneas, sigue sin firmar el tío. Ahí, en ese en el que se han firmado cosas -bien es verdad que mucho menos comprometidas que la renovación de Messi- como el cupo vasco; en ese suspense, se sintetiza este reconcome, en el que todo se rebaja -incluida la autoestima general- menos el precio de la vivienda. El único porcentaje que levanta el corazón, el único que verdaderamente bombea una nación lo aportó el martes la directora de la Organización Nacional de Transplantes, y es que el 50% de los receptores son transplantados con corazones que provienen de otras comunidades autónomas. Cualquier reforma constitucional, por tanto, ha de pasar antes por una reforma cardiovascular. Es una cuestión entre el músculo y el sentimiento. La transición tuvo, en lo mejor, mucho de transplante. No exento de algún rechazo.

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