UN TIPO VALIENTE

CAUTIVO Y DESARMADO - PABLO ÁLVAREZ

Si uno lo piensa bien, al tipo tenían que haberle encerrado en un frenopático. Era una cosa inaudita lo que pretendía hacer el tipo, una de esas idioteces que si se las cuentas a tu madre cuando eres joven a la pobre le da un pampurrio que se la tienen que llevar al San Pedro.

Porque el tipo decía que quería ser cocinero, sí, pero cocinero japonés. Lo cual sólo tenía un inconveniente: que el tipo había nacido en Alfaro. Pero como por lo visto los japoneses nacen donde quieren, al tipo eso no le importó. Ni tampoco que su restaurante fuera algo directamente lunar por estos pagos: un sitio con diez comensales, sólo diez. Y no en Osaka, sino en Gil de Gárate, Logroño. Un restaurante de sushi, hecho con el pescado que le traen de una pescadería dos calles más allá.

Al tipo, digo, tenían que haberlo encerrado. Porque luego resulta que cuando el común de los mortales, ocupados en nuestros pequeños pasitos de gente moliente, vemos a un señor que va por la vida dando saltos mortales, el corazón nos da un pellizco de envidia malsana. Jodido, el tipo éste. Que güevos.

Claro que a uno la envidia se le pasa cuando se sienta delante de Félix Jiménez y le ve acunar el arroz de cada pieza de sushi como una madre sostiene la mano de un recién nacido. Me dicen gentes que saben de esto que lo que se hace en el Kiro Sushi es sencillamente extraordinario. No puedo negarlo: humildemente ignorante, sólo diré que cuando salí de allí me parecía volver de otro mundo. Ahora al tipo en cuestión le han dado una estrella Michelin. Y cómo me alegro: vivan los valientes que iluminan este mundo de cobardes.

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